11 de Octubre de 2005
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William R. Bamond le trabaja a la apicultura y también fabrica bufandas, gorritos y chalecos con el pelaje de sus canes... ¡Qué loco!
Veterano de Vietnam convive con once perros y abejas maya en Limache
Gringolio de 61 años tiene más aventuras que Condorito y llegó por acato siguiendo las huellas de bisabuelo chileno. Para el golpe del '73 lo salvó su tifa de marine y se echó el pollo. No olvida sonido de balas y bombas sobre su testa
Marcelo Garay Vergara

Y ASÍ ES: Junto a su columna de canes y una división de abejas, William Bamond libra hoy una batalla distinta: Dar sin pedir nada a cambio para recbir y encontrar la suerte. En Limache es famoso por sus pócimas a base de propóleo.

(Foto: Hernán Cortés G)

ASÍ ERA... La tarjeta de Bamond que lo identificó como sargento de la Marina gringa durante su paso por el peludo Vietnam. Entonces estaba a cargo de la adquisición de comida, madera y hielo para una base militar en Hué. De esa onda.

(Foto: Hernán Cortéz)

Lo primero que la barra piensa cuando le hablan de un veterano de la guerra de Vietnam es que el sociate quedó con el paño pifiado o rallando la papa. Sobre todo tras haber visto filmes del muléitor Chuck Norris atrapado en una jaula de bambú o rambos gritando ¡Charlie, Charlie! ¡Mi pierna, malditos amarillos!.

Pero la excepción confirma la regla. Y así ocurre con William R. Bamond (61), quien desde 1986 vive en el tranquilo pueblo de Limache, V Región. Allí habita una casa que parece un museo dedicado a la medicina natural y la apicultura, acompañado de 11 perros a los que quiere como hermanos. Son seis quilterriers que recogió en la calle y cinco siberianos.

Con sorprendente ingenio, Willy convierte el pelaje de los canes en gorros, chalecos y bufandas que abrigan tanto como la lana de oveja. Cuando empiezan a pelechar, los cepilla y junta el pelo. "Luego lo llevo a unas mapuches en Curarrehue (IX Región) para que lo hilen", dice mostrando sus productos terminados.

Ancestro

Nacido en Denver en 1944, Bamond llegó por acato en 1971 empeñado en conocer la historia de su bisabuelo chileno, Julio Bahamondes. Este hombrón ganó la nacionalidad gringa al pelear en la guerra que Estados Unidos libró con España por la soberanía de Cuba, en 1898. Convertido en ciudadano de la tierra de las hamburguesas, don Julio agringó su apellido y lo dejó en Bamond.

Casi missing

En lo que toca a su life, Willy conoció en 1972 a su mujer y con ella tuvo a Emily (29). Ambas viven en Australia.

No todo ha sido buena onda para el gringo en Chile. Una semana después del golpe de 1973 fue sacado por los militares desde su casa de Luis Thayer Ojeda, en Provi, acusado de ayudar a los comunistas, lo que casi le cuesta el pellejo. "Les mostré mi tarjeta de marine y les dije: ¿Yo ayudar comunistas? ¡Cómo ocurre! Estuve a punto de ser como Charles Hormann, el periodista de la película Missing", cuenta.

Esa fue razón suficiente para virarse. Y así lo hizo en 1976, pero no para siempre. Diez años después volvió para instalarse en Limache. Allí sus suegros tenían una casa donde pasaban los veranos. Su primer viaje a la zona lo hizo en un tren que salió desde la entonces Estación Mapocho, comiendo sanguchitos. "Nunca olvidaré al señor de rojo diciendo Malta, Bilz y Pílsener", dice cagado de la risa.

En la trinchera

Aunque no le gusta hablar de la guerra, Bamond contó al diario pop algunas peripecias de su paso por Indochina. En 1962, con 18 pepas, se enroló como infante de Marina para cumplir su servicio militar. Tres años más tarde, con grado de sargento, llegó a Hué -cuna de la dinastía vietnamita bajo la dominación francesa- a cargo de logística y como intérprete, ya que le pega al franchute.

"Era responsable de la comida. Todas las semanas me subía a un avión con una maleta llena de dinero para comprar verduras, madera y hielo", chacharea.

Aunque lo suyo no fue el combate en la selva con el brígido Viet-Minh (más conocido como Viet Cong), igual pasó más susto que monjita con atraso. Vivió seis meses en una trinchera ardiente, comiendo mal y con zancudos y ciempiés haciéndole chupete. La primera noche fue suficiente para cachar que la guerra no era un juego. "Nos atacaron y me escondí detrás de una rueda sin saber dónde estaba el rifle. Ahí dije yo entrar en guerra vietnam", rememora.

Pero igual guarda recuerdos gratos, anécdotas. Como cuando entró a un negocio a comprar pan y arroz y una vietnamita le hizo la mansa tapa.

A principios del 67 saldría de Vietnam intacto, sin heridas de guerra. Pero volvió en 1969 como civil a una zona más peluda: Cu-chí, famosa por los túneles subterráneos construidos por la guerrilla. Bamond pasó dos días en un hoyo, mientras arriba la cuática era pura bala y bomba en el llamado Sabotaje de Cu-chí, en el epílogo de la mocha bélica.

Abejitas maya

Hoy lo suyo es la apicultura, a la que se dedica desde que en 1979 curó con propóleo una alergia que lo tenía chato. "De allí nació esta aventura con las abejas", narra.

También ralla con la ecología y en el frontis de su casa tiene un altar adornado con mosaicos de cerámica, una suerte de pabellón con la Declaración Común de los Pueblos Indígenas firmada en Panamá en 1984.

"De ellos aprendí y adopté mi filosofía de vida: Dar es la única forma de recibir y encontrar suerte", versea.

Para William Vietnam es un recuerdo sanado por la miel de sus abejas. Atrás quedaron las M-16, los helicópteros, las bombas y el napalm.

"No aprendimos lección..."

Como buen veterano de guerra, Bamond defiende la política exterior de Estados Unidos y el accionar bélico respecto de Irak y otros países donde se ha ido de mocha. Por ello considera que todavía no es tiempo de retirar las tropas de Mesopotamia, aunque admite que, tras la guerra de Vietnam, Gringolandia no aprendió la lección.

"No se ha aprendido la lección, pero ahora está en juego la estabilidad en el mundo y eso tiene que ver con el petróleo. Es parte de la historia de Estados Unidos. Hussein era un loco matando a su propia gente y Afganistán tenía otros locos.

Todavía no es tiempo de abandonar Irak porque recién está asumiendo un gobierno democrático", chachareó.

Sobre Latinoamérica, Williams reclama un mayor protagonismo de parte de su país. Según él, "hay que darse cuenta de lo valioso que esto es para el resto del mundo".

Pero no se queda allí. Sobre el caso particular de Cuba, el veterano dice que todo va a cambiar cuando pare las chalas Fidel. "Hay que esperar hasta que muera Castro. Ahí sin duda va a cambiar todo, se va acabar la revolución en poco tiempo, tal como pasó en los países comunistas de Europa", dispara.


 

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