| 24 de Julio de 2005 | |||
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Alcoholismo en los jóvenes Patricio (19 años) comenzó a beber porque eso lo potenciaba frente a sus compañeros de curso y amigos, la mayoría bebedores. A menos de un año de haberse iniciado, sufrió una crisis que casi le cuesta la vida. El alcohólico siempre piensa que al día siguiente podrá dejar de beber, pero ello no es fácil. En primer lugar, hay que buscar las razones que motivan esa conducta. Al año siguiente, al cumplir 17, sus padres le hicieron una fiesta en su casa, a la que él pudo invitar a amigos. Los dueños de casa se retiraron a su dormitorio, sin saber que varios de los invitados llegaron con botellas de licor. De amanecida, el matrimonio no escuchó más mœsica sino el ruido de alguien enfermo en el baño. Pedro se levantó y fue a mirar qué ocurría. Con la puerta abierta, una muchacha de la edad de Patricio no controlaba el estómago. Estaba hincada vaciando lo consumido. La sorpresa mayor fue que quien la afirmaba -y sentado en la orilla de la tina- era Patricio, quien también se encontraba en estado de ebriedad. Muy atinado, Pedro fue a buscar a Estela, su esposa, y le pidió que se hiciera cargo de la muchacha. Le pidió a Patricio que pusiera fin a la fiesta, lo que él obedeció, a pesar de la molestia de sus amigos. La experiencia fue una gran lección, porque durante dos días el joven estuvo enfermo. No se podía sostener del dolor de cabeza, a pesar de la sal de fruta y analgésicos ingeridos. Pedro habló con su hijo mayor y le explicó la responsabilidad frente a sus hermanos: José Pedro, de 12, y Camila, de 9. El joven se comprometió a no beber y si, alguna vez, lo volvía a hacer sería con moderación.
LA PRESIÓNA medida que aumentaban las exigencias del liceo, Patricio se quedaba en casa de amigos estudiando. A veces ellos lo hacían en la suya. El rendimiento escolar era regular, a lo que el el joven siempre argumentaba que los contenidos eran cada día más difíciles.Pedro no tuvo la precaución de comprobar si Patricio cumplía o no su compromiso de no beber. La sorpresa se la llevó casi a final de año, cuando lo llamaron del colegio para informarle que lo habían sorprendido con petacas de pisco y tarros de bebida en un sector del patio. Como ello ocurrió antes de que hubiesen consumido, no hubo acusación formal, ya que ninguno estaba bebido. Pedro volvió a hablar con Patricio, quien le juró que él no bebía. Nueva falla del padre confiado: su hijo sí bebía. Lo hacía desde hacía meses cuando decía que iba a estudiar a la casa de amigos. Como regresaba al otro día en la tarde, no manifestaba ningœn comportamiento extraño. Pasaron los meses y el rendimiento escolar seguí bajando. Ahí, Estela comenzó a preocuparse. Habló con algunas mamás de los amigos de su hijo y una de ellas le comentó que en su casa bebían, porque vivía sola con sus hijos, debido a que estaba separada de su marido. A la vez, expresó que el muchacho le faltaba el respeto y la culpaba de que su padre se hubiese ido. Por eso ella no le decía nada ni a los compañeros de su hijo. En esa ocasión, Estela se enteró -por boca de esa madre atormentada- que al comienzo siempre el que decía que no era Patricio, a quien trataban de poco hombre. "Era tal la presión, que al final su chiquillo comenzó a tomar igual que los demás", le resumió.
LA CRISISPasaban los días y mientras Estela buscaba la forma de informarle a su esposo de la situación de Patricio, un llamado nocturno alteró a toda la familia.Una profesora llamaba de la posta para informar que el joven había quedado internado por intoxicación alcohólica, ya que lo llevaron cuando se estaba ahogando con su vómito (situación que ha provocado la muerte de personas). Estaban en la casa de una amiga del grupo y él bebió en exceso como en otras ocasiones, hasta quedar tirado en un rincón, donde se durmió y le vino la reacción descrita. Los compañeros no encontraban qué hacer y por eso llamaron a la profesora con la cual tenían más confianza. La oportuna atención, que incluyó un lavado estomacal, permitió que Patricio se recuperara. Pedro no durmió en lo que quedaba de la noche y al otro día no fue a trabajar. Su œnico objetivo era retar como se merecía su hijo, por haber faltado a la confianza que él le había entregado. Estela fue sola a buscar a Patricio a la posta. Al llegar a la casa, Pedro se encerró en el dormitorio y se tomaba la cabeza a dos manos, mientras su esposa lo calmaba. Incluso le cayeron unas lágrimas. Pedro no podía aceptar el engaño.
REFLEXIÓNEstela lo calmó y conversaron bastante. Al día siguiente, Pedro fue a trabajar como de costumbre y Patricio pasó todo el día en cama. Ya estaba recuperado, pero no quería encontrarse con su padre.En la tarde, Pedro fue al dormitorio de su hijo y le pidió que se duchara para que comieran juntos. Ya le había pedido a su esposa que ella comiera antes con los hijos pequeños. Patricio esperaba una gran reprimenda, pero Pedro le comentó de su molestia porque Colo Colo había perdido un partido que era fácil de ganar. Ambos vieron los goles, como en los viejos tiempos. Patricio comió bastante y se veía tranquilo, aunque en su interior esperaba la gran y molesta reacción de su padre. Pero fue posible que conversaran, tranquilamente. Ahí Pedro se enteró de las inquietudes de su hijo. De que se sentía solo, porque sus hermanos eran más pequeños, que su madre se preocupaba de todo, menos de conversar con él, porque a ella le daba vergŸenza preguntarle por pololas o amigas. Ambos asumieron su responsabilidad. Pedro argumentó que él, que muy a lo lejos se bebe un par de copas de vino tinto, no le había dado nunca un mal ejemplo. Mientras, Patricio le dijo que necesitaba que alguien lo escuchara. Y que eso hacían sus amigos. Juntos fueron al médico y Patricio recibió un tratamiento para alejarse del alcohol, porque estaba en un grado avanzado de dependencia. Después de dos años, ahora en la universidad, Patricio está feliz al haber superado esa etapa de su vida. Ya no bebe. Incluso participa en las actividades de un club de personas que han superado el alcoholismo, "aunque esa es una promesa diaria que uno se hace, así es que no se puede decir que lo he superado para siempre". Hoy, el joven pololea y en su casa están felices con la muchacha, quien también pasó por el alcoholismo. Juntos se dan fuerzas para seguir adelante.
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