- ¡Puaj! No sabe lo revuelto que tengo el estómago.
- Si anda con la caña, mejor llámeme otro día...
- ¡Oiga! Se trata de un alimento en polvo que compré para mi hijo. Me dejó con la guata en la mano, porque traía gusanos.
- ¿Me está...?
- Es la pura y santa verdad. Mi nombre es María Zenteno. Como trabajo quise quitarle el pecho a mi hijo y reemplazarlo por una leche con saborizante. Compré dos kilos de Cola Cao, y cuando se lo di estuvo con una diarrea atroz.
- Eso ocurre mientras se adapta a un nuevo alimento.
- Espérese, porque al abrir el envase me había percatado de una telita en su interior que junto a mi marido atribuimos al mismo polvillo, pero con los días nos dimos cuenta con horror que era un gusano y al vaciar el contenido contabilizamos como siete de estos bichos.
- ¡¿Queeeé'!
- Sí y en el segundo paquete lo mismo. Sin embargo, después que reclamé y retiraron ambos envases por parte de la empresa, me llamaron para decirme que era yo la que debía revisar mi despensa porque tenía una especie de polilla. No pueden darme una respuesta tan imbécil, pues los envases vienen sellados y no le voy a dar a mi bebé algo malo.
- ¿Revisó el vencimiento?
- Expira en 2006 . Tampoco traía piquetes o algo que hiciera pensar en que el envase fue violado, pero en mi hogar tampoco se contaminó.
- Tenga confianza que se trata de una firma seria que determinará qué pasó.
- Aunque así sea, no me vengan a insinuar que quiero plata ni nada, sólo que no se repita porque la gente paga por un producto de calidad.