03 de Julio de 2005
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Afectos, amor y sexo en el cine de Caiozzi
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Relaciones intensas y profundas

 
Relaciones intensas y profundas
Los afectos en Coronación<B> y Cachimba, basadas en obras del escritor José Donoso, segœn el análisis de la periodista Silvia León Smith, comentarista de espectáculos.



Coronación está sustentada en mundos interiores, por lo que la afectividad es su gran soporte.

La relación de Andrés con su abuela Elisa (María Cánepa) es difícil. Ella dejó de ser sujeto para convertirse en objeto de preocupación para su nieto y el servicio doméstico. Sólo es posible entrar en su mundo interior interpretando la expresión de sus ojos: a veces iracunda, con palabras duras y ofensivas, o muy dulce, al 'mirar' el pasado desde su ventana.

Andrés (Julio Jung), solitario y reprimido. Incapaz de mostrar sentimientos, pero atento a Elisa. Oscuro y castrado sicológicamente, experimenta nuevas sensaciones -que no sabe manejar- al conocer a Estela, la joven empleada (Adela Secall). "Nunca te has enamorado de nada", le reprocha su amigo Carlos (Jaime Vadell). El: "¿Para qué?".

Otra relación: Estela y Mario, el repartidor (Paulo Meza). Ella le cree. Grave error, porque la utilizará. El es débil y lo manipula su hermano.

En las empleadas mayores hay verdad. Sobre todo en Lourdes (Gabriela Medina): fiel hasta lo increíble, indulgente, acogedora. En ella se encuentra la gran y profunda reserva del afecto sólido y verdadero.

CACHIMBA

Cachimba, 'un delirio de amor y arte', cobija el romance entre Marcos (Pablo Schwartz) e Hilda (Mariana Loyola). El, un tipo apagado, sensible frente a las pinturas y no tanto con la mujer que lo ama, pero correcto. Incluso en su minuto de gloria. Un perfecto 'don nadie' convertido en 'alguien' después de una foto en un diario. Loco de pasión, pero torpe. Ella, joven, acomplejada y reprimida; muerta de susto, pero valiente en los momentos críticos. Expresiones de ese amor: el encuentro forzado, el gran desencuentro y el encuentro consciente.

Marcos sufre por el museo en ruinas: un patrimonio. Felipe, el cuidador (Julio Jung), le despierta afecto. Es que ese celador, viejo y borracho, siente que su 'maestro' pintor sigue vivo en su corazón. Ni promesas, amenazas o el trago lo apartarán de su misión, como un Templario que custodia el Santo Grial.

No cabe duda que el cine de Caiozzi es de relaciones intensas y profundas.


 
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