| 19 de Junio de 2005 | |||
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AMOR Y SEXO EN LA TERCERA EDAD La etapa otoñal de la vida no debe representar un final para las expresiones de afecto y sexualidad, porque lo único que cambia es la forma de relacionarse. El pensar que una persona mayor no tiene ninguna posibilidad de encontrar pareja constituye una expresión de máximo egoísmo. El ser humano es capaz de amar hasta en el instante de su último suspiro. Un alto porcentaje de jóvenes y adultos suele pensar que es imposible que dos mayores pueden tener sexo, lo que no es tal. La intensidad y frecuencia son distintas, pero igual puede existir una entrega total.
Entre los integrantes de la llamada tercera edad, la relación de amor en pareja se transforma en parte fundamental de la vida; porque está comprobado que los años de convivencia no menoscaban la intimidad. Muy por el contrario. Los abrazos, los besos y las caricias ofrecen una nueva dimensión a las personas en esa etapa. En general, los ancianos manifiestan una gran predisposición a emparejarse, lo que muchas veces no llegan a realizar por la oposición de la familia. En numerosas ocasiones se descalifica al hombre o la mujer (más la mujer, claro está) que comienza una relación afectiva con alguna persona de su edad. Eso se considera como un verdadero atentado a las normas 'morales' de la familia. Ello, porque se ha establecido socialmente que las personas mayores deben jugar con sus nietos, ver televisión, no agotarse, estar sentados en un rincón o hacer labores mínimas. A muchos ni siquiera se les permite hablar en algunos hogares, considerando que cualquier cosa que digan está pasada de moda o no perdieron su derecho a tener voz en ese grupo. Triste destino para seres humanos que aún tienen mucho por dar.
EN PAREJACuando las parejas mayores han debido soportar la presencia de hijos y nietos en su hogar durante muchos años, han perdido años preciosos para compartir.Es por eso que cuando esa relación de cercanía termina, ellos comienzan a contar con mayor espacio físico para relacionarse, para vivir en mayor plenitud... incluso para juguetear, como en su mejor época de juventud. La presencia de otras personas los inhibe, especialmente si se trata de los nietos. Hay abuelas que mueren de pudor cuando su marido les da un beso delante de sus nietos. En esa relación en solitario, vuelven a fortalecerse los lazos de comprensión, afecto, compañía y solidaridad. Todo en un ambiente de gran amor y entrega. Está claro que esto no significa que los hijos o nietos se olviden de ellos y no los visiten nunca más. El tema es no 'ahogarlos' con su presencia avasalladora, lo que impide la realización de esas dos personas como pareja.
LOS NOTORIOS CAMBIOSLos expertos en esta edad, geriatras y sicólogos, coinciden en que se debe tener presente que esta es la única etapa de la vida que no conduce a otro ciclo. Vale decir, allí se termina. Por lo mismo, debe ser más plena.El niño pasa a la pubertad con la idea fija de que en la adolescencia lo pasará mejor. El joven enfatizará que la independencia de la etapa adulta todos sus problemas desaparecerán. Lo mismo vivirá el adulto, quien no hallará el momento de que terminen los estudios de sus hijos o el proceso de pagar la casa, para sentirse libres... algo que conseguirá, seguramente, durante la tercera edad. ¿Pero qué pasa al llegar al final? Por cierto que el cuerpo ya está cansado y el envejecimiento se transforma en el gran enemigo de la persona. Ya no hay tanto vigor ni la libertad de hacer cualquier cosa. Hay que cuidarse de los alimentos, de la temperatura, de los golpes o caídas, de los sobresaltos, etcétera. En esta etapa se producen pérdidas de todo tipo (rol productivo, capacidad laboral, de la pareja, los amigos, los hijos, fuerza física, etcétera) y, con ello, surge el temor a la soledad, al aislamiento, a la falta de recursos económicos, a la discapacidad, a la fragilidad y a la dependencia. O sea, un panorama desalentador por todos lados.
SEXUALIDADEn este aspecto, se experimental sentimientos contradictorios frente a la sexualidad y los temas relacionados, porque la sociedad ha establecido como que los ancianos son 'asexuados'. Vale decir, que no pueden sentir deseos sexuales. Lo que, por cierto, constituye un error. Un grave error.No hay duda que la frecuencia sexual disminuye, pero los sentimientos, afinidades e intereses se fortalecen, algo que es fundamental en esa etapa de la vida, donde el ser humano va tomando conciencia que no quiere vivir en soledad en los últimos años de su existencia. Según los investigadores en sexualidad de adultos mayores, en esta etapa se establecen relaciones de mayor calidad, con una entrega completa del ser humano. Vale decir, comparativamente con la fase juvenil o adulta, hay menos cantidad, pero eso se transforma en un punto secundario. La ciencia médica ha avanzado bastante en los últimos años, lo que permite ayudar a las personas mayores, tanto en lo que se refiere a una mejor condición de los órganos sexuales como en una actitud positiva hacia esa relación. Los adultos mayores que dejan de sentir sentimientos de culpa por su acercamiento (o reencuentro) con el sexo y, además, se chequea con especialistas, puede encontrar un buen equilibrio para su bienestar sexual. Y nos referimos tanto a damas como varones. Lo importante es que la familia no impida esa hermosa posibilidad, la que le dará una mayor plenitud a la etapa otoñal de la existencia.
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