22 de Mayo de 2005
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El necesario complemento
Existen parejas que apenas se conocen saben perfectamente que tienen fuertes nexos de complementación. Otras, en cambio, deben esforzarse para encontrarlos.



¿Qué aporta la buena complementación en la pareja?
Cristián Eduardo (18 años):

"Un mejor funcionamiento. El complementarse no evita los conflictos, pero ayuda a la hora de poner los problemas sobre las mesa y reconocer las culpas. Esa es una bonita forma de integrarse".

Felipe Valladares (23 años):

"Facilita la comunicación y relacionarse sanamente. Si una pareja se complementa bien va a poder funcionar como un verdadero equipo".

Ingrid Pérez (35 años):

"Se hace más fácil el rol de cada cual y no recae todo el peso sobre uno solo. Esto se va a notar en una mejor relación y el fluido entendimiento al decidir cosas".

Patricia Zúñiga (32 años):

"Es más fácil llegar a un acuerdo, de lo contrario se lo pasar’an discutiendo. La complementación también lleva a una buena toma de decisiones".

Carla D’az (21 años):

"Puede corregir actitudes negativas. Si uno tiene carencias en ciertos aspectos y el otro tiene fortalezas, se pueden ayudar mutuamente".

Contribuir
Para aportar a que haya una mejor complementación en la pareja se debe procurar: ¥ Que así como existen cosas que a uno le molestan, a la otra persona también le deben molestar algunas nuestras.

* Que los conceptos de libertad, fidelidad, amor, verdad, integración, respeto y solidaridad pueden ser definidos de manera distinta por cada uno, pero que tienen una raíz común, válida para ambos. Ejemplo, decir: "Soy fiel a mi manera", no tiene validez y es más bien una expresión de egoísmo extremo.

* Que en una discusión alguien debe bajar la voz para que la cabeza no reviente o se llegue a la violencia. Si los dos gritan sin parar, eso terminará mal. Ahora, tampoco es sano que siempre sea uno de los dos el que deba hacer ese esfuerzo de contenerse.

* La pareja debe entender que la complementación no puede llegar a ser perfecta, pero sí puede alcanzar un agradable nivel que permitirá momentos de gran felicidad.

A finales de la década 1960/1970 y comienzos de la siguiente, comenzó a imponerse una moda que estimulaba a las parejas a vestirse igual. Era una forma de fomentar la igualdad entre el hombre y la mujer, de compartir un mismo sentido de la vida (pacifismo puro) y, sobre todo, expresar una complementación extrema.

La idea era decir que si un hombre y una mujer llegaban a pasearse vestidos de la misma manera, tenían la capacidad de integrarse, unirse en plenitud... llegar a ser uno! Por cierto que esa intención fue un extremo, que perseguía el enorme interés de los jóvenes por hacer valer el valioso derecho a sentir que en la vida existe una "media naranja". O sea, alguien que corresponde a la mitad de un todo.

Otras expresiones son: "tal para cual", "cada oveja con su pareja" o "son el uno para el otro". La idea es siempre la misma: complementación.

LLEVARSE BIEN

Cuando dos niños comparten juegos y se divierten de sus travesuras, se resume como "llevarse bien". Esa es la base de la buena comunicación entre dos personas, dos seres que se sienten agradados entre sí.

Por cierto que en esa relación básica, donde no hay más estímulos que el pasar gratos momentos, también surgen los desacuerdos y de pronto hay llantos o gritos por un juguete o algún golpe.

En la niñez se mantiene casi el mismo esquema, con la diferencia que se van definiendo los roles masculino y femenino, que conducen a que los niños se junten con sus pares, lo mismo que las niñas.

Lo menos común es que un niño y una niña compartan juegos, historias e intereses. El chico buscará desarrollar su vigor (saltos, juegos, bicicleta, deportes), mientras que la chica valorará mucho más estar en un sector muy determinado, protegiendo sus juguetes o el entorno en el que se siente segura (como una gallina con sus polluelos).

Los años irán pasando y la pubertad los alejará más todavía. El desarrollo físico de cada cual determinará diferencias que los pondrán en bandos distintos.

En esta fase, por cierto, que juega un rol importante el ámbito en el cual se desempeñen tanto la púber como el púber. Vale decir, si los chicos se rodean de un círculo demasiado interesado en el aspecto sexual, el muchacho asumirá esa conducta como la normal. La 'orden' del grupo será poner a la mujer al otro lado, observarla e intentar someterla.

Por el contrario, si la muchacha recibe 'instrucciones' de que los hombres son los 'atacantes' de los que se debe huir o mantener a raya, se producirá un distanciamiento aun mayor.

Esa fase será superada en la adolescencia, cuando surja el interés por compartir y ver las posibilidades de cruzar esa etapa juntos. Un periodo pleno de descubrimientos y posibilidades para creer que el otro ser es perfecto.

La experiencia les hará entender que la perfección humana no existe y así los jóvenes experimentarán varios pololeos antes de llegar a los 18 ó 20 años.

En esta etapa se es más intransigente y la idea permanente es conseguir que la otra persona sea como se quiere que sea. Por ejemplo, la muchacha exigirá fidelidad en extremo, mientras el muchacho se permitirá el control sobre su pareja.

COMPLEMENTARSE

Por cierto que pasados los 18 ó 20 años, la percepción del mundo va cambiando. Las responsabilidades para hombres y mujeres son otras. Ya se es 'arquitecto del propio destino', por lo que hay que saber tomar decisiones.

Ellos saben que deben asumir los 'costos' de la madurez, lo que representa -en gran medida- aumentar la capacidad de tolerancia en algunos aspectos, con la finalidad de que la otra persona también acepte las 'imperfecciones' que cada cual pueda tener.

Es aquí donde con mayor seguridad -y en las etapas siguientes de la vida- donde más se puede encontrar el esfuerzo por la complementación.

Si bien el pololeo ya entregó atisbos de lo que podía ser la vida junto a otra persona, el noviazgo viene a ratificar de que se ha elegido bien, lo que culminará con el matrimonio, donde ambos estarán convencidos que han elegido al justo complemento para toda la vida.

Pero ello no es así.

La vida en pareja (matrimonio o convivencia) exigirá mucho más que buenas intenciones.

En primer lugar, se debe tener claro que se trata de dos personas que tenían su propio gobierno para su vida. O sea, cada cual marcaba sus ritmos y establecía sus preferencias y rechazos, sus deberes y derechos, sus 'buenas' y 'malas' acciones, etcétera.

A partir de la convivencia o matrimonio, el tema cambia. Es allí donde debe promoverse el supremo interés común. Ese algo superior que motive controlar las expresiones verbales o físicas; conceder y exigir; equilibrar descansos y responsabilidades.

La idea es que la "media naranja" sea efectivamente el complemento, tal vez no tan perfecto pero -al menos- en un alto porcentaje.

De allí que sea fundamental que exista un deseo por unirse a la otra persona a través de los mecanismos que fortalecen la unión.

Quienes no se esfuercen, tendrán escasas posibilidades de permanecer juntos por mayor tiempo.

La complementación -en equilibrio- es entender que las dos personas son importantes en la pareja. Ese es el secreto.


 
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