| 22 de Mayo de 2005 | |||
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Sí, es posible recomenzar Rodrigo, joven y exitoso profesional, vivió la infidelidad de su pareja y eso lo aniquiló. Fue tan fuerte el golpe que llegó a pensar que su vida no tenía sentido. Claro que él provocó esa crisis. "Ahí ella me miró a los ojos y me dijo: '¿Y para qué? Para desahogarte y ni siquiera sentir que soy tu esposa. Me cansé de todo y me voy. Ya me he llevado casi toda mi ropa de la casa, algo que de lo que siquiera te has dado cuenta". "Al principio pensé que era orgullo herido solamente, porque no es fácil aceptar cuando a uno lo 'gorrean'. Es algo que el hombre no tiene considerado". Trabajó en dos empresas antes de independizarse, algo que le produjo mucha motivación, pero que le absorbió demasiado tiempo. Su polola durante cuatro años, a la que conoció en el instituto, se cansó de su agitada actividad profesional y lo dejó. "Él siempre me dejó en segundo lugar", fue la queja con la cual abandonó al hombre con el que pensaba contraer matrimonio y tener hijos. "Ella era genial. Me aguantaba todas mis locuras. Era como mi asistente. Si se me ocurría hacer injertos con los equipos, allí estaba ella ayudándome. Ella estudiaba comunicación escénica y tuvo mucha resistencia para seguirme. De verdad me quería. Y yo también, pero de verdad que para mí estaban primero los computadores", expresa Rodrigo. Siguió su vida y su activo trabajo. A los 26 años obtuvo su segundo título y a esa edad conoció a Romina, una atractiva secretaria de 24 años, con quien comenzó a pololear.
NUEVA OPORTUNIDADEl profesional recuerda:
"Fueron tres años súper buenos. Como mi intención era independizarme, ella me apoyó harto y juntos logramos conformar una pequeña empresa. Nos costó, pero como teníamos contactos, fuimos saliendo adelante. Nos planificamos con los equipos y ella llevaba el control de los gastos. Era muy buena en eso. Todo ordenado. Yo siempre he sido al lote, por lo que la Romy era mi soporte". "Nos casamos cuando yo tenía 29 y ella 27 años. Todo fue excelente. Lo pasábamos bien. A veces ella se aburría, porque decía que había que pasarlo bien, también. Yo la convencía de que a los 40 tendríamos toda la plata del mundo y nos dedicaríamos a disfrutar lo ganado". "Así, pasaron casi tres años de matrimonio. Ella quería tener un hijo, pero yo la convencía siempre de que fuera a los 35 años, porque ahora yo no tendría tiempo para dedicarle. Vino un periodo de distancia, muchas discusiones y problemas, hasta que ella decidió abandonar la empresa, para no mezclar las cosas. A mí me pareció lo mejor, sin saber lo que vendría más adelante". Al principio, Romina se quedó en la casa, pero luego buscó trabajo en una oficina comercial.
LA SEPARACIONDurante los primeros meses, ella cumplía exactamente los horarios y se daba tiempo para pasar a ver los trabajos de su esposo, planificando la hora de llegada y lo que comerían.Más adelante, ella comenzó a salir más tarde y a participar en muchas reuniones, según le decía a Rodrigo. Él, metido de cabeza en sus equipos, no le daba mayor importancia. De hecho, muchas veces él no llegaba temprano a la casa, a pesar de haber acordado cenar con su esposa. Por cierto que en el plano íntimo las cosas funcionaban muy mal, porque no había compatibilidad horaria y Rodrigo estaba cansado la mayor parte del tiempo. Pasó un año y Romina le pidió la separación. Fue un sábado en la tarde, cuando -después de un almuerzo por el cumpleaños de su padre- él quiso que intimaran. "Ahí ella me miró a los ojos y me dijo: '¿Y para qué? Para desahogarte y ni siquiera sentir que soy tu esposa. Me cansé de todo y me voy. Ya me he llevado casi toda mi ropa de la casa, algo que de lo que siquiera te has dado cuenta. Esta decisión no tiene vuelta, porque ya no te amo y tengo una pareja'. Me lo dijo de un viaje. De verdad que cuando se habla de balde de agua fría, uno piensa que es un poco de escalofríos, pero nada. Yo sentí rabia, dolor, mareos, ganas de gritar, pedir que fuera una broma, etcétera. Fue durísimo. Y ella se fue".
LA CRISISDesesperado, Rodrigo acudió a su familia para que lo apoyaran a denunciar a su esposa por abandono de hogar u otras razones, pero ella ya había conversado con un profesional relacionado con el tema, quien la había aconsejado respecto de los trámites que debía efectuar."Al principio pensé que era orgullo herido solamente, porque no es fácil aceptar cuando a uno lo 'gorrean'. Es algo que el hombre no tiene considerado. Así, llegué a pensar que ella me había mentido, pero muy pronto comprobé que sí tenía pareja y el tipo le daba toda la atención que yo le había negado. Fueron meses en los que decayó todo mi rendimiento. Me vino un bajó horrible, en el cual llegué a pensar que ni siquiera valía la pena vivir. Si no hubiese sido por mi hermano, hasta pude perder la empresa". Rodrigo cayó en el alcoholismo extremo que, incluso, le provocó un accidente de tránsito que lo dejó con solamente algunos golpes, pero que le hizo perder el vehículo, al que se había olvidado de asegurar. "Ni el chancacazo me hizo dejar el 'copete'. Seguí en ese rumbo. Mi familia comenzó a abandonarme. Solamente mi hermano me mantenía a flote. Fueron meses de oscuridad, porque ni siquiera recuerdo lo que hice en ese tiempo. Bajé de peso y me descuidé con la salud. Me vino una bronquitis crónica que me obligó a estar internado en una clínica. Ahí un doctor me habló claro y me dijo que me estaba suicidando, por lo que lo mejor era consultar con un sicólogo o siquiatra, si es que quería repuntar", agrega Rodrigo. Un día su hermano le comentó que las cosas no estaban bien y que era muy factible que debieran vender los equipos y cerrar. De hecho, estaban con el mínimo de personal.
EL ESTREMECIMIENTOEso logró el ansiado cambio. Porque la pérdida de la empresa significaba el fin de todo. En ese minuto, Rodrigo comprendió que debía enmendar su rumbo.Fue al siquiatra con su hermano y desahogó todas sus culpas, "porque sabía que yo era culpable de la infidelidad y la partida de Romina. Lloré mucho. En cada sesión terminaba llorando. Al principio estuve mal con los remedios, que me dejaban como atontado, pero después comencé a resurgir. Fueron tres meses y la tranquilidad al dejar el trago me comenzó a dar ideas". Agrega que, "decidimos cerrar por seis meses, hasta avanzar en mi recuperación. Fue duro, pero comencé a salir adelante. Mi hermano fue el puntal máximo". "Hoy, hace un año que reactivamos la pequeña empresa, y nos está yendo muy bien. Me he recuperado bastante. Incluso estoy saliendo con una amiga. Somos como pareja, pero no quiero apresurar nada. El golpe me quitó la ansiedad y ahora me tomo la vida con más tranquilidad. Con decir que hasta voy a ver a mis padres dos o tres veces a la semana. Mi vida es otra, pero el golpe fue duro. ¿Qué decir? Bueno, está claro el mensaje de lo que no se debe hacer. ¿Verdad?".
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