30 de Abril de 2005
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Ana María Toro se acogió a Ley de Microempresas Familiares y paró su fábrica de dulces en Ñuñoa
A punta de chocolates sacó adelante a su familia
La dueña de casa se matriculó en el calórico curso que la hizo conocida de pura casualidad

(Foto: Copesa)
Ana María Toro, de 50 años, soñaba con ser tecnóloga médica. Sin embargo, su padre falleció de improviso y debió abandonar sus estudios por falta de billete cuando estaba en el segundo año de la carrera.

Pese a que no pudo concretar su anhelo, igual se siente realizada. Hace doce años, y como una forma de ayudar a su media naranja en los gastos del hogar, intentó seguir un curso de repostería y como no encontró un cupo, se matriculó en otro para aprender a hacer chocolates.

Sin mayores expectativas, terminó la capacitación, luego se acogió a la Ley de Microempresas Familiares, pasó todos los controles sanitarios habidos y por haber y se dedicó a fabricar sus artesanales delicias en su casa de la comuna de Ñuñoa.

Gran ayuda

El negocio le ha permitido aportar en la casa, al punto que una de sus hijas pudo estudiar sin verse en apuros económicos como le sucedió a ella. "Llegué a esto de pura casualidad. En todo caso, me gustó, porque la forma de trabajar es muy prolija", contó orgullosa.

Agregó que se especializó en chocolatería internacional, lo que le ha permitido innovar el el rubro.

"También fabrico trufas y bombones rellenos con crema de menta o frambuesa, y doy trabajo a otra persona que me hace las cajitas", añadió.

Pero tener su microempresa no le ha sido tan papaya. La comercialización de sus productos se ha transformado en un verdadero dolor de cabeza para Ana María, ya que los supermercados le piden 50 UF por colocar sus productos en las estanterías. "Por ahora, atiendo pedidos en el 238-7574 y vendo en las ferias", remachó doña Ana María.


 
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