| 17 de Abril de 2005 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
¿Pan y cebolla? La antigua expresión "Contigo, pan y cebolla" no corresponde a una realidad que pueda ser asumida con tranquilidad. El amor sin respaldo laboral o económico tiene escasas posibilidades de sobrevivir. El padre y el hermano de Rosario no han aceptado su regreso a la casa, porque ella aún se mantiene unida a su pareja, a quien consideran un tipo poco emprendedor. Durante el periodo en que vivieron juntos, Rosario y Juan Carlos se cuidaron de que no llegara un embarazo, porque eso les complicaría más la vida juntos. Ambos jóvenes vivieron una dura experiencia hace un año cuando decidieron irse a vivir juntos. Rosario expresa que, "llegó un minuto en que me saturó que me controlaran tanto en mi casa. Si bien allí tenía todo, desde mi cama hasta alimentación y plata para algunas salidas o comprarme ropa, sentía que me faltaba libertad. Todo era, fundamentalmente, porque no aceptaban a Juan Carlos, a quien conocí cuando trabajaba y después quedó cesante". "Era cuento de nunca acabar que mi mamá me estuviera diciendo que cuando uno quiere trabajar siempre encuentra, que con él no tendría ningún futuro, etcétera. Al final, todas las peleas eran por ese pololeo al que mis padres y mi hermano no le veían ningún futuro. Claro que debo reconocer que mi papá le ofreció al Juan Carlos un trabajo de jardinero, porque tiene un amigo que se dedica a atender casas del barrio alto, pero mi pololo no aceptó, porque dijo que eso no era para él. Yo al principio le encontré razón, pero luego entendí que había sido un error", agrega la joven. Explica que, "no me dio la cabeza para seguir estudiando y repetí tercero, por lo que no quise seguir en el colegio. Mis papás dijeron que me darían un tiempo y que, incluso, podría terminar en una escuela nocturna. Claro que, hasta el momento, no lo he querido hacer y prefiero seguir buscando un trabajo. Ayudé un tiempo a una tía en Concepción, en una tienda, y me gustó. En un tiempo pensamos con Juan Carlos irnos para allá, pero él no encontró trabajo en una semana y nos devolvimos".
LA PARTIDARosario agrega que, "era tanta la crítica en mi casa que decidí irme a vivir con Juan Carlos a una pieza, al fondo de la casa de una amiga. Ahí no teníamos ninguna comodidad, pero ambos pensábamos que todo sería distinto y que podríamos partir de cero. Yo le ayudaba a cuidar a los niños a mi amiga y ella nos daba la comida, pero después empezaron los problemas de convivencia, porque discutíamos mucho con Juan Carlos, porque nos faltaba plata hasta para comprar una aspirina"."Felizmente, siempre tomamos precauciones para evitar el embarazo, porque ahí hubiese sido fatal, en término de que no tendríamos cómo recibir a esa guagua. Los meses pasaban y todos los planes iban desapareciendo. Es allí cuando me acordé de lo que me había dicho mi mamá respecto a que el amor no es todo y que el dicho 'contigo, pan y cebolla' no era para nada cierto", explica. Así, los jóvenes se fueron endeudando con amigos, a quienes les mentían diciéndoles que habían encontrado trabajo y que les pagarían apenas les dieran el primer sueldo. "Demás está decir que cuando comenzaron a cobrarnos, no teníamos como pagar. Fue tanto, que una de esas personas, a quien entiendo ahora, le quebró los vidrios a mi amiga que nos pasó la pieza. Esa fue la oportunidad para ella para pedirnos que nos fuéramos", recuerda.
EL REGRESO"Así, en la calle, volví a mi casa con la cola entre las piernas y Juan Carlos se fue donde un tío. La pasamos muy mal. Claro que, debo reconocer, mi mamá me acogió nuevamente, sin preguntarme nada más de si estaba embarazada, para llevarme al médico. Con mi papá y mi hermano el tema aún no se supera, porque ellos no confían en Juan Carlos", añade Rosario.Hace dos meses Juan Carlos comenzó a trabajar en su especialidad mecánica y eso ha provocado que la mamá de Rosario le tenga mayor estimación, porque -de hecho- la mitad de su primer sueldo no se lo entregó a Rosario sino a su 'suegra', por acoger a su pareja de nuevo.
LA LECCIÓNAl narrar su caso, Rosario resalta que, "me gustaría que todas las muchachas que piensan que la vida es fácil y que todo será bueno viviendo con el pololo, no es así. Uno como joven se hace demasiadas expectativas que no son tales. De hecho, muchas amigas le dicen a una, 'ándate de la casa y entre todos te ayudamos', pero eso es falso. Una tiene que rascarse con sus propias uñas. Y, en verdad, lo mejor es el hogar. A veces hay que aguantar las rabietas de los padres, pero uno sabe que ellos critican porque quieren lo mejor para una".Otro aspecto que destaca es el tema del embarazo. "Menos mal que yo me cuidé, porque de lo contrario hubiese traído al mundo a un niño en malas condiciones, porque me alimentaba mal. Había días en que comíamos muy poco, cuando mi amiga de la casa en que estábamos tenía mala situación. En verdad que una debe pensar bien las cosas antes de tomar determinaciones". Respecto de su futuro, asegura que, "con Juan Carlos no queremos apresurar nada. Él está trabajando duro y es muy posible que yo pronto entre a trabajar. Incluso, si hasta mitad de año no encuentro algo, acordamos que me iría a Concepción donde mi tía, por un tiempo, hasta estabilizarnos y poder casarnos. Queremos que todo en nuestra vida sea ahora hecho de la mejor manera. Para ello, sueño con que mi papá y mi hermano me entreguen al hombre que he elegido como esposo. Sé que ellos cambiarán de parecer una vez que vean que tanto yo como Juan Carlos aprendimos la lección: de que las cosas no son tan fáciles como una las ve cuando rechaza a la familia o cree que se puede partir de cero y vivir solamente de pan y cebolla".
|
|