27 de Marzo de 2005
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A los 16 años ninguna joven está lo suficiente madura como para enfrentar la idea de ser madre. De ahí que cunda el pánico en ellas, llevándolas, muchas veces, a tomar decisiones precipitadas.

La mayoría de las adolescentes no cuenta con el apoyo de un pololo serio y responsable como sí ocurrió en el caso de Victoria. Precisamente, fue él quien la salvó.

El caso de Victoria confirma una vez más, que cuando una mujer que enfrenta un embarazo no deseado, se siente acompañada y apoyada, opta por la vida.

Victoria y Orlando descubrieron a mediados del año pasado que serían padres. Eran pololos desde hacía poco tiempo. Se conocieron en la fiesta anual de su parroquia. Ninguno de los dos acostumbraba asistir a misa ni a las reuniones de jóvenes, pero tratándose de una fiesta, ahí sí se entusiasmaron.

A Victoria le faltaban tres meses para cumplir 16 años y cursaba segundo medio. Orlando tenía 18 recién cumplidos y estaba en tercero. Nunca se habían visto antes, a pesar de vivir a menos de ocho cuadras de distancia.

Ambos coinciden en que fue en la misma fiesta cuando se enamoraron. Bailaron juntos sólo dos veces, pero esos minutos juntos bastaron. El comenzó a buscarla asiduamente, aunque no le fue fácil ya que el padre de Victoria cuidaba mucho a sus tres hijas, no dejándolas salir sin permiso. Pero el amor fue más fuerte y, como en las películas, se las arreglaron para conocerse un poco más. El lugar escogido para sus encuentros: la celebración del mes de María en la parroquia.

PRESENTACIÓN

Un buen día, Orlando se presentó ante los papás de Victoria. Estos quedaron tan impactados de su actitud que maravillados exclamaron: "Ojalá todos nuestros futuros yernos sean como este muchacho". Todo se dio sin pensarlo. Fue un día en que la mamá de Victoria iba al metro a buscar a su marido con la hermana menor y la del medio.

Victoria, se había quedado sola estudiando en casa, cuando llegó Orlando. "Nos acurrucamos en el sofá y se nos pasó la mano, tanto que no pudimos parar y ocurrió", recuerda la joven.

Victoria llevaba casi dos años enfermándose. Cuando no le vino la regla, esperó tranquila un par de días, pero a la semana se puso histérica.

Recuerda: "Sabía lo que eso significaba y me quería morir. Pensaba en mi papá y mi mamá, y lo que iban a decir. Me moría de vergüenza, de miedo, de todo. Además, me sentía como impedida de hablarlo con Orlando. Creía que era cosa de mujeres. Quería hasta cortarme las venas, cualquier cosa para no ver nunca más la cara de mis papás. Orlando captó algo, pero yo le negué que me ocurriera alguna cosa. Estaba tan aterrada que no quería ni verlo a él".

"Hablé con una amiga, como al cuarto día. Ella me hizo hacer el test que yo sabía saldría positivo. Más lloré con ese resultado. Ella me habló de abortar y yo le dije que sí, que al tiro me lo quería hacer".

EL DRAMA

Esa tarde Orlando de nuevo trató de averiguar qué le pasaba. Ante sus evasivas, le preguntó directamente si estaba embarazada.

El joven explica: "No podía ser otra cosa, ya que andaba muy rara conmigo. No teníamos problemas, pero ella actuaba muy diferente. Ahí Victoria me lo contó todo. Lloraba mucho. ¿Qué voy a hacer?, se preguntaba. Decía frases como 'mis papás me van a matar', 'me arruiné la vida', 'me quiero morir'. Yo le hablaba, pero no le servía de consuelo. No sé cómo no nos pillaron, porque ella andaba con los ojos rojos y muy hinchados".

Al día siguiente, de casualidad, Orlando la vio subirse a una micro con su amiga. Le pareció extraño porque no le había dicho que iba a alguna parte; al contrario, le había comentado que debía quedarse todo el día en la casa cuidando a sus hermanas.

La esperó más de tres horas y a su regreso la encaró.

Ella, al principio y llorando, le dijo que abortado, pero al rato le contó la verdad: que tenía hora para el día siguiente.

Orlando relata que se dio cuenta que ella estaba actuando irracionalmente. Entendió que era tanto su terror que se estaba dejando llevar por lo que le decía la amiga. No sabe porqué, pero de repente dice que se acordó de la Virgen.

En el mes de María había escuchado todo lo que ella tuvo que afrontar para tener a su hijo. Fue como una visión, pero lo suficientemente nítida como para que el muchacho se diera cuenta que sí podía salvar la situación.

Tomó a Victoria por los hombros y le dijo: "No puedes matarlo, porque es mi hijo también".

LOS PADRES

Con esas palabras Victoria reaccionó. En medio de su llanto se dejó abrazar por primera vez en más de una semana. Esta vez sí los sorprendieron. Precisamente, fueron sus ojos rojos lo que la delataron.

La joven recuerda: "Con Orlando habíamos pensado hablar con mis padres el fin de semana, cuando estuviéramos más tranquilos. Pero sólo al verme ellos supieron lo que pasaba. ¡Qué vergüenza! Mi mamá me preguntó abiertamente. Yo miraba la cara de mi papá y de verdad hubiera dado mi vida para no ver su mirada sorprendida. Como que él no lo podía creer. Yo no dije ni una palabra. Tampoco lloré. Me quedé ahí como estatua".

Pasaron varios minutos antes de que Victoria dijera algo. Les contó todo. Sus padres le pidieron que llamara a Orlando y él confirmó situación.

Para los padres de Victoria fue un durísimo golpe. Primero, se enojaron mucho; luego, se recriminaron ellos. Después, hicieron como que no pasaba nada y que todo había sido un mal sueño. Recién como al mes, y viendo que Victoria sentía nauseas muy fuertes, comenzaron a reaccionar. Fue entonces cuando acudieron a la Fundación Chile Unido para asesorarse en cuanto a la actitud que debían tomar.

AYUDA

Los padres querían ayudar y hacerlo bien. Lamentablemente, estaban demasiado impactados y muy dolidos, según sus palabras. En un principio consideraron que la vida de Victoria se había truncado. "Perdió su juventud", alegaba apenado el papá.

Después se dio cuenta que era a él y a su mujer a quienes les iba a cambiar la vida, porque tendrían que cuidar a la guaguita hasta que Victoria terminara sus estudios.

La desilusión fue lo que más les afectó. El haber puesto tantas esperanzas en su hija mayor. El padre, sobre todo, se sentía engañado y le costó muchísimo superar ese sentimiento. Para la madre fue más fácil. Desde un principio perdonó a su hija y se dispuso a ayudarla en lo que fuera.

La relación con Orlando se tornó difícil por un buen tiempo. Los padres no lo querían ver y Victoria no quería hacer nada que los contrariara más aún. Él, con mucha paciencia y humildad, les hizo saber que era responsable y que si bien, no estaba en condiciones de ofrecer ayuda monetaria de ninguna especie, sí quería acompañar a Victoria "por el tiempo que ella estime necesario".

NACIMIENTO

Ricardo Andrés nació prematuramente el 22 de agosto. Hoy es un gordo rozagante, adorado por sus abuelos, tías, madre y padre. La joven pareja no quiere hablar del futuro, pero siguen juntos.

Orlando explica que, "no es un pololeo loco. Nos queremos por nuestro hijo y por todo lo que nos pasó. No sé qué pasará más adelante, pero por ahora seguimos estudiando y yo voy cualquier cantidad a ver al guatón chico. Siempre están todos felices de verme llegar".

El caso de Victoria confirma una vez más, que cuando una mujer que enfrenta un embarazo no deseado, se siente acompañada y apoyada, opta por la vida, evitando las dolorosas consecuencias sicológicas (síndrome pos-aborto) y a veces físicas del aborto.


 
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