| 03 de Marzo de 2005 | |||
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Pirateaban hasta papeles del guáter Imprenta mula diversificó su negocio entre manuales para tejer a crochet y revistas con camboyanas mostrando las amígdalas
La merca estaba amontonada en una bodega de calle San Francisco 2662, onda San Miguel, donde los polis también hallaron manuales de leyes, textos escolares para cabros chicos y revistas cochinonas, la mayoría de lesbianas negras, saurofilia y de las últimas papas para practicar el froteurismo en las máquinas de la locomoción colectiva. Los tombos hace una semana estaban siguiendo los pasos de la banda dedicada a la falsificación, distribución y venta de los libracos. Los operativos de seguimiento y puntos fijos dieron resultados la noche del martes, cuando los policías pillaron a Lucho A.V.F. con tres paquetones de cuentos infantiles. El compadre contó la pulenta altiro y señaló que los cuenturris los había retirado desde la imprenta Tami, en calle Eyzaguirre.
CaraduraCuando los verdes llegaron al lugar, sorprendieron a su dueño, Mario A.V.L., realizando copias de "Papelucho" y de revistas pornográficas.Marito también se fue de lengua y no se demoró nada en contar que el material falsificado lo apilaba en la bodega de calle San Francisco. Fue en ese galpón donde la yuta encontró varias rumas de libros piratas, la mayoría best sellers y porno duro triple equis. En esta parte del operativo los verdes esposaron a Lucho H.V.A., quien era goma del perico que fue sorprendido con los libros infantiles. El Lucho también era el encargado de juntar, pegar, encuadernar, revisar, corregir, embalar y distribuir los libros que hacían en la imprenta de Eyzaguirre.
De tuttiEn las redadas también se incautaron prensas, tintas, placas y diverso material para copiar libracos de magia blanca y negra, de tejido, para aprender a cocinar flan de verduras como el que dan en el casino, de espiritismo y técnicas para pillar al Chupacabras de Pirque.Durante la diligencia también se decomisaron un automóvil y una mansa máquina impresora de 3 mil kilos, que, por razones obvias, la dejaron quietecita en la bodega. El resto de las porquerías fue entregado al Octavo Juzgado del Crimen de Santiago.
A la ventaEl jefe de la Segunda Comisaría, mayor Alejandro Leal, dijo que los libros eran comercializados al por mayor en la bodega y después vendidos en el comercio ambulante y los boliches de calle San Diego y Meiggs, en Estación Central.Los tres detenidos quedaron en libertad después de que les comprobaron domicilios. Sin embargo, los chapulines de la muni de Santiago anunciaron querellas que en los próximos días serán presentadas por la Fiscalía Antidelincuencia.
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