09 de Febrero de 2005
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Temperamental portero nacional no hallaba la hora de tener en brazos a su razón de vivir
Arias llegó directo a pichanguear con su hijo Carlitos
Junto a su futbolera familia de Maipú, La Cuarta conoció al gran hombre detrás de los guantes, quien nos contó cómo llegó a verse fuera del Sudamericano
Fabián Catalán T

de tal palo... La presencia de su hijito de cuatro añitos, es lo que a Carlos lo llena de fuerza, en momentos que la fiaca lo hace dudar de mandarse las dos horas de micreli, que diariamente ocupa para llegar a San Carlos de Apoquindo, donde también cursa sus estudios medios.

(Foto: Juan C. Cáceres)

Veintiún extensos días, de verdad que fueron muchos, para que el portero de la gran Rojita Sub 20, Carlos Arias, pudiera al fin volver a abrazar a quien es su razón existir. Su retoño de cuatro pepitas, Carlitos.

Puro ñeque

A las 6 de la mañaneli, cuando el gallo no se ha lavado ni el caracho, Arias ya está apurando el tranco pa' recorrerse las dos horas en micro que tarda desde Maipú hasta el pirulo recinto cruzado, pa' ponerle wendy, primero a las tres horas de clases en el colegio de deportistas de la propia UC y luego quedarse al entrenamiento lolete hasta las 2 de la tarde.

"Hay días en que no tengo ganas de ir, pero después me doy cuenta que lo debo hacer todo por él", cotorrea con las pepas vidriosas el precoz papurri, quien debió hacerlas de machote con su hijito, cuando hace un año su polola y madre de Carlitos falleció víctima de un tumor cerebral.

Primer vuelo

La historia de Arias como volador bajo los palos comienza en el club del barrio Hermanos Carrera, cuando nuestro cumpa se lanza en el cuadro en que muchos del pelotero piño familiar las habían hecho de cracks. Así, sin darse cuenta, el tapagoles de pronto estaba vestido de pirulo y luciéndose en la Sub 17 de Chilito.

Cucharón de güeli

El apego a su clan familiar, compuesto por papi, mami, el hermanito Gabriel (4) y la parejita de abuelocos, hicieron que Carlos igual soltara sus lagrimones en Colombia, en dos ocasiones claves. La entonación del himno patrio y el enorgullecido correo de su tío José (el patas chuecas) con quien se criaron de "chichichos". Sin embargo, el maipucino no muestra la misma blandesa a la hora de patronear su portería, donde se hizo conocido por su férreo carácter pa' ordenar al equipo. "Me acostumbré a ser así por mi papá, que siempre me inculcó la disciplina en la cancha", chachareó el cruzado.

¡Qué chusto!

Cabe mencionar, que si bien Carlos acaba de vivir el momento pichanguero más importante de su vida, también es cierto que por instantes nuestro socio las vio más que negras, cuando cachaba que en los partidos preparatorios no tenía mucha continuidad. "La verdad es que pa'l sudamericano me estaba viendo afuera" contó.

Tres puntales

La voz más crítica: Carlos Arias padre, es sin duda una persona muy importante en la maduración de la carrera futbolístico de Carlos, ya que lo ha acompañado durante todo su proceso arqueril. Sin embargo, al contrario de como se podría pensar, el jefe de la familia es quien más duro hace los analisis en la actuaciónes de su hijo, guardándole apuntes con sus errores y grabando su partidos para corregirlos en conjunto. Situación que Carlos nos cotorrea, "agradecer del todo".

Hasta mamá la pisa: Cuando describimos a la familia de Arias como unos fanáticos del peloteo, no estamos exagerando. Y es que la hasta madre, la señora Marcela, no le hace el quite a pararse en un campo de juego, teniendo como puesto preferido la zona defensiva, donde según cuentan en el barrio, no deja canilla sin machucón.

"De 7 hermanos soy la única mujer. Ellos me llevaban a la cancha y me dejaban en el arco, de ahí que me gustó el fútbol y me puse a jugar de zaguera", cuenta la súper mamurri.

El culpable de todo: Al buscar una explicación del fuerte espíritu futbolero incrustado en el familión de Arias, la respuesta la parecemos encontrar en su singular abuelo, conocido como Don José o Poncho Romero pa' los amigos, quien nos cuenta. "Tengo más de 32 diplomas ganados gracias a la pelota". El problema pa' Don José está en que por su delicado corazón no le permiten ver jugar por TV a su famoso nieto.


 
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