23 de Enero de 2005
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Un verano sin pareja

 
Un verano sin pareja
Se le ha llamado "viudos de verano" y se cree que durante este periodo, en que deben seguir trabajando, esos hombres o mujeres se lanzan a la vida. Hay testimonios diversos.

En la mayoría de las situaciones todo va a depender de la edad de la persona, sus preferencias personales y lo que lo "reprimida" que se encuentre por su pareja.



Carlos D., 47 años, no pudo cambiar sus vacaciones para hacerlas coincidir con el arriendo de la cabaña que realizó junto a su esposa en octubre. Tenía fecha para las tres primeras semanas de enero, pero un imprevisto en su oficina de planos y maquetas lo obligó a quedarse en Santiago. Es uno de los "viudos de verano".

"Lo estoy pasando pésimo. ¡De verdad! Todos creen que es bueno estar solo, pero para mí no es así. Tal vez, hace 15 ó 20 años hubiese disfrutado la soledad, juntándome con amigos y consultando teléfonos de amiguitas antes de casarme", enfatiza, mientra lanza una carcajada por usar la expresión 'amiguitas'.

Agrega que sus dos hijos estudian fuera de Santiago, "lo que me impide verlos en verano, y ahora ellos iban a estar con sus pololas, tal como el año pasado. Es la instancia para que mi mujer descanse, también, porque ella trabaja en un medio de comunicación, donde todo es muy a presión".

"En todo caso, igual he aprovechado los fines de semana y me tomaré la mitad de mis vacaciones para ir a visitar a mis padres al norte y el resto guardarlas para el invierno", concluye.

María Teresa T., 29 años, es secretaria ejecutiva de una empresa con relaciones internacionales. Ella se casa en octubre y había planificado un viaje a Florida, Estados Unidos, con su novio.

"Él se fue solo, porque tenía todo pagado. Yo me iba una semana después, por lo que alcancé a dejar abierto mi pasaje. Aún espero que se produzca el milagro en la oficina, que terminemos antes los balances y pueda partir. Lo haría para arrancar de las altas temperaturas, porque ya no soporto el calor. Varias amigas me han invitado a tomarme un trago en la tarde, pero no he aceptado. Quiero ducha, ventilador y un café helado", expresa.

Comenta que, "ese cuento de los viudos ya no corre. Tal vez era antes, cuando el hombre era más machista y tomaba la infidelidad como parte de su vida; cuando, incluso, no había Sida, por lo que iba de cama en cama, aprovechando esa soltería veraniega. Ahora los hombres son mucho más derechos, creíbles y son capaces de alejarse cuando no aman a una mujer. Eso me encanta los hace más transparentes. Hombres y mujeres tenemos las mismas obligaciones y derechos. No pienso ni remotamente en la infidelidad, porque antes tendría que decirle a mi novio que terminemos la relación".

DESCANSO

Opinión distinta tiene Amelia F., 33 años, profesional del área medicina. "Tengo la casa para mí sola. He dormido como nunca. No hay bulla. Amo a mi familia. Mi esposo es un tesoro y mis hijos una princesa y un principito adorables, pero creo que todos nos merecemos unos días de soledad, de reflexión, de descanso", enfatiza.

Añade que, "el tema de la infidelidad no va conmigo, porque si uno está casada es porque ama a su marido. Sí he conocido un par de casos de amigas que han sido infieles, pero ni siquiera cuando están solas, sino cuando el marido está acá en Santiago. El otro día una de ellas me dijo que iría a Pomaire con un 'amigo joven' y me ofreció que el muchacho me podría conseguir un amigo para mí. Lo consideré tan decadente que ni siquiera le respondí. Es un asunto de principios. Yo, ahora, soy feliz tirada en el sillón viendo tele y haciendo ejercicios en una máquina que me compré, de esas del ¡llame ya! Mi marido se pondrá contento cuando me vea más acondicionada físicamente".

Rubén S., 23 años, estudiante de ingeniería, se casó a mediados del 2004, "y ya estaba chato con el acostumbramiento a mi nueva vida, así es que intencionalmente cambié la fecha de mis vacaciones para que no coincidieran con las de mis suegros. Ellos partieron al sur y se llevaron a mi mujer. Yo ahora estoy tranquilo. Claro que igual tengo que cocinarme o comprar comida preparada, pero ese es un detalle. Como yo trabajo y estudio durante el año, el 2004 terminé chato con todo".

Añade que, "ya han pasado dos semanas y no quiero que termine el mes. Estoy muy tranquilo. Hace unos días me junté con unos amigos y ellos siguieron el carrete, pero yo no me atreví. La idea es descansar y no tener que estar tirado en la cama con un hachazo por el copete, aunque debo reconocer que aún extraño la vida de soltero y las jaranas".

SEPARACIÓN

Manolo J., 34 años, vendedor, asume como un grave error un desliz que tuvo hace dos veranos, "cuando mi esposa viajó con mis hijos a La Serena y yo me quedé acá en Santiago por pega. Al principio me prometí portarme bien, pero de pronto me encontré con un amigo y comenzamos a salir. Así, tuve algunos encuentros con una de sus primas, con la cual yo había pololeado antes de casarme. Lo pasé muy bien y tenía poca culpa, porque pensaba que el pecado era menor al tratarse de una mujer con la quie ya había estado".

"El problema se produjo cuando mi mujer encontró la almohada con olor a perfume de mujer, que no era el de ella. Yo había sacado las sábanas, toallas y fundas, y las mandé a la lavandería, pero no me percaté que el olor podía quedar en la almohada. Me presionó tanto que le dije que un día una amiga se había quedado a dormir, pero no había pasado nada. No me creyó y la patada en el trasero fue inmediata. No me la perdonó. Ahora, estoy rehaciendo mi vida, pero igual siento nostalgia por haber perdido mi hogar y mi familia debido a una infidelidad. Siempre estaré arrepentido. Además, ¿a quién se le ocurre llevar a la mujer a su propia casa? ¡A mí, pues!", exclama.

Sandra L., 17 años, está "aprovechando la soltería de verano", ya que su pololo se fue en un viaje de estudios a Europa. "He tenido un montón de oportunidad de serle infiel, pero creo que no vale la pena. Ahora, no digo de esta agua no beberé, porque una nunca sabe cómo va a reaccionar. De hecho, el hermano de una íntima amiga hace días que me está presionando, pero yo le he aclarado que nada de nada. No sé. Nada puedo decir por el momento. Pregúntenme a final del verano, por favor (se ríe)".


 
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