23 de Enero de 2005
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"Mi madre no me creyó"
A los 14 años, Milena fue violada y no recibió el apoyo o la comprensión que una muchacha espera recibir de su madre en una circunstancia traumática como esa.

"Fue después de volver de clase de ballet que el tipo me violó. Yo venía con mi hermana mayor del gimnasio, pasando al lado de la parroquia.


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Hay situaciones que son tan dolorosas que el mejor -y único- remedio para terminar de sufrir es bloquear el hecho, intentando borrarlo de la memoria.

Cuando se es madre y el afectado es un hijo, el dolor viene por partida doble: ella sufre por el hijo y por ella misma; entonces, qué mejor solución que negar el hecho que causó el dolor. El problema es que el hijo no lo olvida así nomás.

A Milena le encanta el ballet clásico. Tomó clases desde los seis años y de grande, cada vez que puede, compra entradas para ir a las distintas funciones que ofrece el repertorio nacional. Antes la llevaba su mamá, pero desde que trabaja como parvularia y gana su propio dinero, prefiere ir sola.

El ballet le trae buenos y malos recuerdos a esta mujer soltera de 24 años, de tamaño y contextura muy fina y pelo largo color miel. el que lleva siempre agarrado en un moño suelto y desordenado.

ATAQUE

"Fue después de volver de clase de ballet que el tipo me violó. Yo venía con mi hermana mayor del gimnasio, pasando al lado de la parroquia. Recuerdo que ella estaba súper apurada porque tenía que ir al baño, así es que corrió, mientras yo me quedé atrás, caminando despacio y pensando en cualquier cosa. 'En la luna', como se dice. No vi al hombre. Debe de haber estado en la plaza semi escondido, sapeando", recuerda con mucha pena la joven.

Agrega: "Él me puso su mano en la boca y me dijo que tenía un cuchillo, que me iba a matar si gritaba. Me metió entre los acantos. Es curioso, pero lo tengo tan grabado que cada vez que veo esta planta, que abunda en todas las plazas, me viene a la memoria el tipo encima mío, su mano por debajo de mi polera y pantalón y luego el tremendo dolor y la sensación de que algo se rompía dentro de mí".

"Me levanté y sintiéndome culpable por no haber gritado y pateado, me fui a casa con el calzón en la mano. Quería contarle a mi mamá porque en ese momento pensaba que la única que me podía salvar era ella. Un abrazo me borraría el dolor y la sensación de asco".

"Era como las ocho y tanto, estaba mirando la teleserie cuando entré a su pieza y me puse a llorar. Se asustó y me preguntó qué me pasaba. Cuando le empecé a dar los detalles, me hizo cariño en el pelo, me dio un beso en la frente y me dijo: 'Shhh. Anda a lavarte las manos que ligerito vamos a comer'. Fui donde la nana que teníamos y le mostré el calzón sucio que seguía en mi mano. Ella comprendió en el acto lo que había pasado".

"Con los años he llegado a la conclusión de que a ella también la tienen que haber violado. Con mucha ternura me llevó al baño y dejó que corriera el agua. Me lavó entera, como si yo fuera una guagua y yo la dejé. Yo tenía 14 años. Después juntas botamos el calzón en el basurero del patio. Como entre dientes repetía algo de que los hombres eran unas bestias. 'Mire que venir a tocar a mi niña', recuerdo que dijo".

"No sé si comí esa noche o cómo dormí. Solamente recuerdo que la nana se fue de la casa poco tiempo después. Ahí yo pensé: 'Ahora ya nadie sabrá lo que me pasó. Nadie, porque mi mamá jamás se dio por aludida; tanto que me quedó la duda si me habría escuchado".

SOLICITUD DE AYUDA

Rebeca, la madre de Milena tiene hoy 47 años, y llamó a la Fundación Chile Unido después de conversar con su hija, relatando así la conversación sostenida con ésta en la que le contó lo sucedido años atrás.

Resume Rebeca: "Fue a fines del último verano. Hacía calor esa tarde y yo estaba planchando un alto de ropa. Me corría la gota cuando Milena, sin aviso previo, me dice que tiene que hablar conmigo porque ya no da más. '¿Qué te pasa hija?', le pregunté. Ella me respondió: 'Es que no te acuerdas o te haces la cucha. ¿Cómo han podido pasar tantos años y tú nunca una pregunta al respecto? Pues te digo que el dolor sigue apretando mi guata y tú nunca has querido darte por enterada'. Algo así dijo y en tono muy agresivo, como atacándome y yo no sabía a lo que se refería".

"Entonces me gritó: 'Madre, te hablo de cuando me violaron, cuando yo tenía 14 años y no fuiste capaz ni de pararte. ¿Oíste? A tu hija la violó un gallo asqueroso, pero no fue él quien la dejó marcada de por vida, fuiste tú con tu silencio'. Yo pensé que me moría ahí mismo. Como que no sabía lo que me estaba diciendo y como que sí lo sabía. Juro por todos los santos que no recuerdo eso que ella cuenta que me dijo".

"Debo confesar que ante su acusación de que yo era cobarde, algo se me vino a la mente. Algo como un vago recuerdo. Un desagradable recuerdo que yo sabía había pasado, pero que no recordaba para nada. Quedé tan impactada por lo que me contó la Milena, como también por el egoísmo mío aquel día y por lo truculenta de la memoria. Ahora era yo la asqueada. Y a eso había que sumarle la culpa y una rabia terrible contra lo injusta que puede ser la vida".

ROMPER RELACIONES

La tirantez entre madre e hija se hizo insostenible. Milena sacó todo su dolor y frustración. Rebeca no era capaz de levantarse en las mañanas, por su enorme sentimiento de culpa y una fuerte depresión. El resto de la familia se enteró por boca de la madre. Fue la hermana mayor (quien también sufre de culpabilidad por no haberse quedado junto a su hermana aquella vez) la que tomó la decisión de llamar al programa Comunícate de Chile Unido. "Una pareja de amigos llamó y pensé, como a ellos, a mi familia también la pueden ayudar".

Lo primero y más valioso que aprendieron madre e hija es que siempre es tiempo de sanar. Milena hoy entiende lo que le pasó a su mamá. Comprende que ante una realidad tan tremenda, la mente le jugó chueco, bloqueando lo que la hija le estaba contando, sepultando sus palabras primero en la negación y luego en el olvido.

CAMINO A LA COMPRENSIÓN

Aquí hubo un terrible problema de incomunicación. La pequeña niña esperaba que su madre la consolara, pero Rebeca -de puro terror a que fuera cierto lo que estaba escuchando - no preguntó, ni indagó sobre lo sucedido. Su inconsciencia le dijo en ese momento: "Yo no quiero que esto sea cierto, no quiero que esto le haya pasado a mi hija por tanto no la voy a contener, ni siquiera la voy a escuchar".

En resumen, no se abrió a la comunicación y con ello la hija perdió la confianza en su madre. Su inconsciencia le dijo: "No hables más del tema, porque nadie te hará caso". Y así calló. Pero así también el dolor y el rencor se le fueron acumulando. Por el trauma sufrido no ha sido capaz de establecer una relación amorosa seria. Ha tenido pololos, pero al darse cuenta que venía el momento de intimar, el recuerdo de la violación la paralizaba por completo y terminaba.

Fue cuando se dio cuenta de la profundidad de su herida que decidió conversar con su mamá. Es lo mejor que podía haber hecho.

Las dos están ahora en una etapa de sanación. Después de meses de dolor y resentimiento, hoy han vuelto a abrazarse y a llorar juntas.

Estamos seguros que lograrán superar estos momentos difíciles y, a la vez, Milena podrá superar su enorme trauma, a fin de establecer lazos afectivos con algún muchacho y no temer al encuentro sexual, el que llegará producto del amor.


 
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