21 de Noviembre de 2004
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Déficit atencional
El 30% de los escolares es diagnosticado con déficit atencional, lo que constituye una cifra que requiere análisis y soluciones.

Generalmente, cuando un niño sufre déficit atencional, se ve expuesto a continuos castigos y reprimendas, sobre todo por su bajo rendimiento o conducta.

El origen de este trastorno puede deberse a diversas motivos, que van desde inmadurez neurológica y desequilibrios químicos en el sistema nervioso central, partos prematuros o causas hereditarias.



Frente a las tareas
El niño con déficit atencional requiere mayor apoyo de la familia, especialmente a la hora de realizar sus trabajos escolares.

Está comprobado que esos menores comenzarán sus labores, pero al poco rato se aburrirán y reemplazarán su foco de interés.

Por lo mismo, son los familiares quienes deben apoyarlos en ese compromiso escolar, no haciéndoles el trabajo sino que estimulándolos.

Ese familiar debe procurar, a la vez, dar -cada cierto rato- un espacio de distracción, como que el niño vaya a buscar un jugo o pedirle algún material que no está cerca.

Esas técnicas compensarán al menor y le ofrecerán un equilibrio.

Sin castigo
Lo peor que pueden hacer los familiares es castigar al menor, porque esa conducta no la pueden corregir por su cuenta.

Muchas veces se comete el grave error de descalificar al niño, lo que le baja la autoestima.

Ese menor, necesariamente, requiere ayuda profesional, la que debe ser coordinada con el profesor jefe u orientador del colegio.

En todos los planos del desarrollo, lo peor es que los padres descalifiquen a sus hijos.

¿Cómo apoyar a los niños con déficit atencional?
Georgina, 45 años:

"Debe ser un problema muy grande para los padres. Se habla de los niños que requieren 'ritalín' para calmarlos, pero creo que merecen ser atendidos de buena forma para que superen esa situación".

Jaime Suárez, 72 años:

"El cariño y la atención a los niños se les debe expresar desde el primer minuto de vida. Ahora, si ellos son demasiado inquietos, hay que apoyar a la madre para que no sea solamente ella quien deba estar siempre atenta".

Marco Espinoza, 42 años:

"En muchos casos la familia los deriva donde profesionales, pero a mi parecer eso no es muy bueno. Los padres somos los indicados para atenderlos, reaccionando de manera positiva".

Claudia Vega, 30 años:

"He tenido casos en mi familia y los han llevado a especialistas para que les den remedios, pero creo que eso no es todo. Como madre, una siempre termina siendo el pilar y, con mucha paciencia, puede ayudar a su hijo".

Elba Pérez, 37 años:

"Si me ocurriera, hablaría con mi pareja y trataríamos de reaccionar de una manera serena frente al problema, para apoyar al niño".

Cuando un niño es incapaz de permanecer por varios minutos sentado o -cuando lo está- mueve sus pies con insistencia, se balancea en la silla o se distrae mucho, no hay duda de que es un problema, claro que no mayor.

El tema se complica cuando a ello se agrega que, por ejemplo, son incapaces de finalizar sus tareas o les cuesta crear amistad con sus compañeros de curso, porque la suma de todo ello refleja déficit atencional.

"Los niños que sufren déficit atencional, a pesar de ser muy pequeños y bordear los cinco o seis años, son considerados en gran parte de los colegios como niños/problema", señala la sicóloga Gina Muñoz.

CAUSAS

"El origen de este trastorno puede deberse a diversas motivos, que van desde inmadurez neurológica y desequilibrios químicos en el sistema nervioso central, partos prematuros o causas hereditarias". Sin embargo, para la sicóloga, son igualmente importantes los factores ambientales, como las dinámicas familiares alteradas, que puede producir el déficit.

"Por lo general, un niño con síndrome de déficit atencional será un adulto que se inclinará por una profesión de tipo creativo. Sin duda, no elegirá un trabajo que lo obligue a estar sentado por ocho horas", explica.

Añade la profesional que, "gran parte de los niños que tienen estos rasgos, los demuestran frente a sus familias, pero las características principales se agudizan al entrar al colegio. No hay que olvidar que en ciertas ocasiones los síntomas tienden a disminuir a medida que avanzan hacia la adolescencia pero, de igual forma, existen algunos niños en los cuales el déficit persiste en algún grado hasta la adultez".

TRASTORNO DE CONDUCTA

Muchas veces se piensa que el déficit tiene relación únicamente con problemas de concentración, pero para Muñoz, "este se define como un trastorno de la conducta que se caracteriza por dificultades en la atención y concentración, así como impulsividad e hiperactividad, generalmente asociadas a un mal rendimiento en el colegio".

Al respecto, se distinguen dos tipos de déficit atencional: sin hiperactividad y con hiperactividad.

"Los niños que sufren de déficit atencional y que, además, son hiperactivos se caracterizan por ser extremadamente inquietos, corren de un lado para otro, abren y cierran cajones, golpean puertas, se suben a cuanto árbol encuentran y a todos los lugares peligrosos que les llamen la atención".

Además, se enojan con facilidad, molestan a otros niños y se frustran muy fácilmente cuando las cosas no les resultan como ellos quieren o cuando no quedan satisfechos con algo que deseaban. Asimismo, muchas veces tienden a actúan antes de pensar y tienen drásticos cambios de estado de ánimo.

"Por otro lado, los niños que sufren de déficit atencional sin hiperactividad destacan porque se distraen con facilidad con cualquier cosa, presentan dificultades para concentrarse en sus deberes escolares o en los juegos. Son aquellos niños que les cuesta mucho terminar o que empiezan y, por lo general, siempre se les extravían las cosas", agrega la sicóloga.

APOYO

Explica Muñoz que, "para solucionar el problema, muchas veces los profesores llaman a las casas para que los padres vayan a la escuela de su hijo y se enteren de la situación, lo cual no siempre es bien recibido por los apoderados. Como papás, no hay que olvidar que una llamada de los profesores de su hijo no es algo malo y no es razón para alarmarse".

En general, se sugiere a la madre o padre que lleve al menor a un neurólogo, el cual trabajará con el niño haciendo un diagnostico y derivándolo a un sicólogo o sicopedagogo que tratará el trastorno.

El tratamiento se orienta a ayudarlos a controlar sus impulsos, dándoles estrategias para que ellos mismos sepan cómo manejarse ante diferentes situaciones y estímulos.

En un alto porcentaje, los niños que sufren este problema se ven expuestos a continuos castigos y reprimendas, situación que obviamente les afecta.

Durante la terapia se busca que el niño conozca y aprecie sus aspectos positivos y habilidades, a la vez de inculcarles la importancia de respetar las normas.

Producto del déficit que muchos niños sufren, existen graves problemas relacionados con la atención y concentración, lo que provoca que no existan hábitos ni técnicas de estudio, generando un retraso escolar.

El tratamiento sicopedagógico es una gran ayuda en estos casos al estabilizar el aprendizaje y rendimiento escolar.


 
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