21 de Noviembre de 2004
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Con un crimen Lisette Maricán culminó su historia como víctima de abusos
El calvario de la prosti que mató a cafiolo
Cansada de la perra vida que llevaba, a joven madre no le tembló la mano a la hora de quitarle la vida a su proxeneta en la miserable pieza que compartían en Santiago Centro.


Marcelo Romero G.



Momento de felicidad.- Pocos son los momentos de felicidad que ha tenido Lissette. Uno de ellos fue este cumpleaños de su hija Kathy -tiene otros dos peques-, fruto de una tormentosa relación con otro proxeneta que le hacía la vida imposible. Los tres menores fueron criados por su madre y hoy permanecen en un hogar.

(Foto: Copesa)

Ministra Pérez (Foto: Copesa)
Eliana Dentone (Foto: Copesa)
Sindicato urgido por violencia
En el Sindicato Independiente de Trabajadoras Sexuales "Ángela Lina" el caso de Lissette caló hondo. "Nosotras no permitimos ningún tipo de abuso, ni de la policía, ni de las parejas ni de los cafiches", asegura su mandamás, Eliana Dentone.

La recomendación para las Evas es clara como el agua: "Cuando se pasan los límites y se cae en la violencia hay que denunciarlo públicamente".

A su juicio, "si alguien se mete al comercio sexual es porque lo necesita, no para que le peguen, la zamarreen o la maten".

"Es súper asqueroso que un hombre utilice a una mujer toda su vida y coma de sus propios pulmones. Y más feo se ve si el hombre es un proxeneta o cafiche", remató espantada.

Sernam llama a pegar el grito
Para la ministra del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), Cecilia Pérez, éste no es un caso aislado y de él se pueden sacar hartas lecciones. "Aquí estamos en una situación extrema en todos sus aspectos", afirma.

Pese a todas las pellejerías que pueda pasar una mujer, plantea que siempre existe salidas cuando el problema se comparte con otros. "Hay un ciclo de violencia que es posible romper cuando las mujeres lo hacen público, cuando lo sacan de la esfera privada".

Círculo maldito."El maltrato alimenta más violencia e impunidad, y cuando no hay denuncia el único beneficiado es el agresor", afirma la secre de Estado.

Y su llamado es a todos, "porque como sociedad tenemos el desafío y el deber de abordar estos casos".

El asesinato del proxeneta Sergio Antonio Alamos Molina (54) a manos de la prostituta Lissette Solange Maricán Molina (27), a comienzos de semana, dejó en carne viva la sórdida realidad que viven las mujeres que están obligadas, por temor o desamparo, a soportar una inhumana condición de esclavas sexuales.

Furia mortal

La madrugada del lunes 15, Lissette regresó a la pieza de su pareja, en Serrano 885. Llegó con sus alforjas bien provistas, a pesar de ser domingo. La jornada fue provechosa y los clientes, generosos.

Alamos, copeteado y aleonado por las drogas, le quitó el dinero e intentó obligarla a tener sexo, pero sus excesos terminaron por pasarle la factura y el sopor lo noqueó. El sueño profundo de su abusador fue un regalo inesperado para la mujer, cuya dignidad ya había tocado fondo.

Dispuesta a recuperar de golpe su libertad, se transformó en una fiera herida en busca de venganza. Tomó una almohada y asfixió a su victimario. Cuando el hilo de la respiración del hombre se cortó, lo estranguló.

Al ser detenida, no resistió el interrogatorio. Cayó en contradicciones y terminó por confesar su crimen. Ahora espera en el COF de San Joaquín que la titular del 8° Juzgado del Crimen, María Inés Collin, decida su procesamiento.

Bajos fondos

Para Rosa Molina (60), madre de Lissette, la sorpresa no fue el homicidio, sino el nombre de la víctima. En su vivienda del Pasaje El Mañío, en la villa Arturo Prat de Renca, donde vive sola dijo a La Cuarta que no era el que esperaba, el que por mayor tiempo explotó la juventud de su hija.

En todo caso, esperaba que la vida de su hija menor -la mayor, Rossana (31), estuvo metida en las drogas, pero logró salir a flote- tomara cualquiera dirección cuando supo que su padre la violaba desde los 11 años.


-¿Por qué no hizo la denuncia?


- Por miedo. Él me pegaba a mí también.

El hombre la abandonó hace 20 años para irse con otra mujer y desde entonces se las ha batido trabajando como nana.

Ese mismo temor acompañó a Lissette hasta que se decidió a usar la almohada como un arma. Después la calle, la droga y el copete no la soltarían.

Malo de la película

"Un sujeto que conoció (antes que a Alamos) siempre la maltrató. Una vez la atropelló y la tiró cerca del puente Loreto. Los bomberos la encontraron convertida en estropajo".

El tipo se jactaba de lo que hacía. "Una vez dijo que estuvo en los aparatos represivos de Pinochet y que había metido gente a una pieza llena de agua para aplicarle corriente. Luego supe que traficaba".

La tortura la ejerció después contra Lissette. "Una vez se enojó con ella y la encerró toda una noche con cinco tipos que la violaron hasta la madrugada. La pobre arrancó por una ventana como Dios la echó al mundo".

Hace unos años fue testigo de la violencia que aguantaba su hija. "Frente a mi casa, el sujeto le enterró un punzón en la espalda. Luego se la llevó a Conce y el maltrato era tal que ella le enterró un cuchillo en el cuello. Se salvó porque lo llevó al hospital".

De Alamos "lo único que sé es que si pasó lo que pasó es porque le daba la misma vida".

En el escenario del crimen nadie quiso hablar de la pareja. Los ubicaban, pero de lejitos, "porque eran gente de mal vivir".


 
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