La mayoría de los ágiles de la prensa chilena pasaron cualquier hambre ayer en el espacio Riesco. La comida en el recinto bacán sale un ojo de la cara y los apóstoles tuvieron que hacer malabares para poder llevarse algo a la sanguchera. "¿Quién fue el buena onda que no se preocupó de nuestra alimentación?", despotricaban por todos lados.
El almuerzo cuesta 4 lucas. Con el presupuesto en pesos, no en dólares como los enviados especiales que hasta se pegaron su siesta, los chilenitos tuvieron que conformarse con una bebida (350 pesos), un café con piernas (800), tres empanaditas fritas (1.200) o un completo con mineral (1.500).