A Bush no le basta con creerse el dueño del mundo. También se hace el lindorfo y les da besos cuneteados a sus ministras, como las nuevas secretarias de Estado, Condoleeza Rice, y de Educación, Margaret Spellings.
No le vaya a ocurrir lo mismo que a Clinton, que de califa casi pierde la Casa Blanca y la Hillary, por culpa de la Lewinsky, que se dirigía al país en el Salón Oval. Estos presidentes...