Detenido e incomunicado en la Subcomisaría Alessandri de Carabineros estuvo un chancho que, en septiembre de 2003, se zampó un pavo real que se había convertido en la atracción de una granja educativa que funciona en ese cuartel.
Daniel, autor material del "pavicidio" de Jordi, había confesado que el móvil del crimen fue la envidia y el detonante un insulto del plumífero, "quien al verme pasar me trató de guatón hediondo", dijeron a La Cuarta fuentes vinculadas al porcino.
El cerdo se mantenía celosamente custodiado por temor a que el resto de los animales intentara "acecinarlo" y convertirlo en tocino, mortadela, arrollado huaso, jamón planchado, turín, longanizas o chorizo.
Al trascender la noticia, cientos de cabros chicos de los jardines infantiles de Estación Central visitaron la granja y exigieron voz en cuello la inmediata libertad del porcino: "Chuelten a chanchito, abran la perta de la reja".
El 5 de septiembre el caso tuvo un espectacular vuelco, cuando el jefe del minizoológico, capitán José Jara Ramírez, contó la pulenta y aseguró que el porky habría matado al pavo en defensa propia y no por envidia. "El chancho se estaba comiendo tranquilamente una rueda de camión cuando fue molestado por el pavo odioso. Reaccionó por instinto, como corresponde a un animal, y lo mató", relató descarnadamente el oficial.
Falta de méritos. El sumario realizado en la Subcomisaría Alessandri estableció que el mantecoso actuó en defensa propia, por lo que quedó en inmediata libertad por falta de méritos. Por lo mismo, la condena a muerte que pesaba sobre Daniel sonó pistola y se evitó que los polis lo colgaran del gancho y disfrutaran de un suculento funeral onda chuletas con puré picante.
Tras conocer el fallo, el cerdito salió de la celda entre los aplausos de enanos y tías del jardín infantil "Tribilín". También fueron a apoyarlo vecinos y feriantes del sector, quienes le ofrecieron una cena de desagravio consistente en varios sacos de tomates, cáscaras de papas y frutas desechadas.
La granja es legado del cabo Alexis Roland López, quien la inició con una pareja de conejitos. El funcionario murió atropellado por un cura en diciembre del '92 mientras dirigía el tránsito, pero su obra perdura y para Carabineros se convirtió en parte del programa de acercamiento a la gallada.