El sacerdote José Aguirre Ovalle, conocido por sus pequeñas feligresas como el Cura Tato, dejó como el ajo a la Iglesia Católica con su detención y procesamiento por abusos sexuales y estupros, cuyas víctimas fueron niñas que asistían a la capilla San Isaac Jogues de Quilicura, de la que fue vicario.
Pero no sólo Aguirre le dio un golpe bajo a la Iglesia, sino también el ex obispo de La Serena, Francisco José Cox, cuya homosexualidad le costó su partida del país.