La estafa al Fisco más tremenda de nuestra historia estalló el 23 de enero, cuando Codelco descubrió que su operador de mercados a futuro, Juan Pablo Dávila, hacía transacciones desde el '93 con agentes extranjeros.
El pillín sabía que Codelco debía pagarle jugosas comisiones por los servicios prestados, por lo que favoreció a ciertos operadores, los que, a cambio de ejecutar las transacas, le depositaban tucadas de dólares en una cuenta corriente que tenía en las Islas Caimán.
El operador fue pillado por sus jefazos e intentó sacarse los pillos engrupiendo que las pérdidas de 200 millones verdes fueron por un error computacional.
Tras el canazo se convirtió en evangélico.