El buen ojo nunca nos ha fallado y por lo mismo es que fuimos los primeros en creer en el "Chino" Ríos y ofrecerle una entrevista cuando recién tenía 16 pepas.
Aquel 2 de noviembre, muy humildón, nos dijo que seguiría "trabajando fuerte para progresar lo que más pueda", sin saber que en 1998 se convertiría en el mejor tenista del planeta.
Ríos estaba en manos de la Unidad Técnica Nacional, bajo las órdenes de Belus Prajoux y Hans Gildemeister.