El 17 de enero, George Bush apretó el botón para que los aviones gringos dejaran caer sobre Bagdad petardos que en total igualaron a la bomba atómica de Hiroshima.
Todo el planetoide se pegó a la CNN, que mostró como si fuera un video juego la primera Guerra del Golfo contra Irak.
El tímido Saddam Hussein había despertado la ira de la potencia al invadir al petrolero Kuwait. Pero la aniñada le duró menos de un round.
El 25 de febrero metió reversa y se rindió, aunque siguió apernado.