A los teocráticos casi se les cayó el pelo con nuestro estilo picaresco. Durante varios meses fuimos hostigados, con rayados y protestas afuera de nuestra redacción, por cubrir programas como Sabor Latino, cuyos shows fueron catalogados por los fanáticos como "apologías del sexo".
Todas las fuerzas vivas del país, incluyendo suplementeros y por supuesto nuestros fieles lectores, nos entregaron su adhesión ante las canalladas teocráticas, que no hicieron más que aumentar la venta del diario.
Pero como todo tiene arreglo en la vida, estos muchachos volvieron a la senda del Señor y ahora funcionan como cualquier otra iglesia.