Se las mandó Don Ricky. En medio de la vorágine pre APEC, con visitas continuadas de delegaciones de todo el mundo a La Moneda, se dio el tiempo para conceder una entrevista a
La Cuarta. Y lo hizo sin mirar en ningún momento su reloj.
Llegamos con la idea de hacerlo reír en los primeros cinco minutos "para la foto de portada" y la verdad es que en ese lapso soltó la carcajada tres veces. ¡Es que somos tan dicharacheros!.
Pero no sólo hubo risas, sino también emoción y en dos pasajes tembló su voz. Fue cuando se refirió a la grave enfermedad de la señora Luisa -estuvo realmente en peligro de muerte- y con el "Informe de Prisión Política y Tortura", que contiene relatos espeluznantes de algunas de las víctimas.
De terno oscuro, camisa blanca y corbata roja, nos recibió en el salón José Miguel Carrera, donde minutos antes había estado el ministro de Relaciones Exteriores de España con su comitiva.
Fue una conversación fluida y el Presidente dio respuestas a todas nuestras inquietudes, que, seguramente, son las de miles de chilenos.
¡Ah! También comentó que le encantaba cuando lo llamamos Don Ricky y Papá Mono.
entrando en confianza. - No sé cómo decirle: Presidente, Señor Lagos, Don Ricky, Papá Mono...
- Je, je, je. Lo que le salga más cómodo... bueno, si estoy con el director de La Cuarta, tiene que ser Don Ricky o Papá Mono. No queda otra... Tienen un diario muy entretenido.
- Y seguimos siendo diario.
- Ustedes se las arreglan para dar las noticias con la forma que tienen de presentarlas para que aparezcan entretenidas. Si no, aparecen muy serias.
- Buceando en su biografía, uno llega a la conclusión de que usted estaba condenado a ser Presidente de Chile...
- Je, je, je.
- Cuando era pequeño pasó dos cursos en un año, después llegó al Instituto Nacional de pantalón corto a los 10. A los 16 entró a la Universidad, egresó a los 22 como abogado. Un lolo. Eso no lo hace cualquier hijo de vecino. Creo que estaba destinado a algo grande.
- Me acuerdo que en ese tiempo se decía segundo o tercer año de Humanidades, que es el equivalente a octavo básico o primero medio. Todos iban de pantalón largo y yo todavía iba de corto. Me echaban muchas tallas, se reían de mí. Pero sobrevivimos.
tortura. - Arturo Alessandri definió en una oportunidad a La Moneda como "la casa donde tanto se sufre". ¿Usted ha sufrido mucho?
- He tenido malos ratos, claro. Quién no tiene malos ratos en la pega. Pero también he tenido momentos gratos. (...) Nunca pensé que íbamos a terminar haciendo el Informe de la Comisión sobre los Presos Políticos y la Tortura. Eso surge como resultado de un conjunto de hechos y al final usted concluye: "Tenemos que hacerlo". Y somos el único país que se atreve a hacer eso. Que es muy duro, claro. ¡Oiga! Hubo pasajes que yo le quiero decir, me costó poder seguir leyendo. Son cosas fuertes, pero por otra parte uno dice que esto no es para andar revolviéndola; esto es para aprender lo que pasó, para que nunca más ocurra, para sacar lecciones hacia adelante y eso es muy significativo.
En persona. - Mi propósito fue hacerle una entrevista más al hombre, al ser humano, que al Presidente. ¿El Presidente es tan serio?, porque a veces anda con cara de león. Un cercano me dijo que el Presidente es una persona muy humana, pero trata que no se le note. ¿Va por ahí la cosa?
- Algo de eso puede haber. No es que uno trate que no se le note lo humano; lo que ocurre es que uno trata de hacer una vida normal en esta pega, de tanto oropel, porque cuando se es Presidente, todos se van cuadrando. Entonces, cuando nos vamos a Caleu, hacemos una vida normal y ése es un cable a tierra muy importante. ¡Ojo, que yo a veces exprimo el jugo al desayuno y Luisa cocina! Lo que pasa es que a veces mis hijos me han dicho que hablo muy golpeado, otras me dicen que me veo muy cansado y les digo que no estoy cansado, sino que tengo bolsas debajo de los ojos, que es distinto. Y otras veces me enojo. Para qué estamos con cuentos, porque o si no, la vida sería muy aburrida.
AL ÁREA CHICA.
-¿Se siente orgulloso de sus mujeres? Me refiero a Soledad Alvear y Michelle Bachelet, por supuesto.
- Lo que ocurre es lo siguiente: Creo que el fenómeno que ha ocurrido con ellas es un fenómeno con cómo usted genera espacios. Porque si hubiéremos tenido esta conversación en marzo del 2000, cuando en el gabinete había cinco ministras, estoy seguro que ni usted ni yo habríamos imaginado que cuatro años y medio después íbamos a tener a estas dos mujeres en la posición en que están. Creo que tiene que ver con un cambio cultural muy profundo en Chile. (...) El país que se diera el lujo de desperdiciar el cincuenta por ciento sería un país tonto. Las mujeres son el cincuenta por ciento de este país...
- Y un poquito más...
- Exacto, son como el 51 por ciento. Los hombres vivimos menos que las mujeres incluso.
- Ahora, con una manita en el corazón, ¿cree que una mujer, una de ellas, puede ser Presidente?
- Sí, absolutamente. Porque hay algo bien injusto respecto de ellas. La gente dice: "No, es que no se les ha visto en situaciones...". Oiga, yo las he visto a las dos en situaciones de tensión, cuando había que decir "no" en lo de Irak, yo veía a la Soledad. Está bien, ella podía decir al final "el problema es suyo, Presidente", pero la veía involucrada enormemente en lo que venía. Cuando tuvimos algunas dificultades en Defensa, después de algunos problemas con el general Ríos, la Michelle tenía los pantalones bien puestos para las decisiones que había que tomar. Ellas se foguearon en dos carteras que son difíciles. Tengo una visión muy buena de ambas y creo que están perfectamente preparadas para desempeñar el cargo. Y se van a llevar una sorpresa los que dicen que "mire, esta señora...". ¡No, no, no!, saben mandar.
en casa. - Fue notorio que la enfermedad de la señora Luisa lo afectó seriamente. ¿En algún momento temió lo peor?
- Sí, una vez estábamos en Caleu y se ahogaba mucho. Al principio uno decía, "bueno, se ahoga, tendrá infecciones", pero por las ventajas de internet leí y me di cuenta lo que era la tráquea, que tiene doce milímetros de espesor y Luisa lo tenía reducido a cuatro. El médico me dijo "mire, es como si usted respirara por una pajita", se puede respirar, pero el día que tenga un resfriado más grande y se le hinche la garganta, hasta ahí llegábamos.
El legendario dedo contra Pinochet
- Cuénteme la firme, Don Ricky: Eso de apuntar con el dedo al "caballero", ¿lo tenía craneado o se le ocurrió en el momento?
- No. Es un gesto de algo que yo descubrí en la campaña del "No". Estábamos haciendo campaña por el "No", llegamos a una localidad cercana a La Serena y había un grupito en contra del referéndum. Estábamos con Aylwin ¡y por Dios que gritaba este grupo! Estábamos en esto cuando me entregan un papelito. Y en el papelito decía "el general Pinochet en Arica dijo que hay un tal señor Lagos que no sé qué cosa y blablablá. Era primera vez que Pinochet me nombraba. Entonces le dije a Aylwin "déjame hablar a mí primero". Y partí a hablar. La mitad del teatro aplaudía y la otra pifiaba, porque eran contrarios al general Pinochet, pero además no estaban de acuerdo con una elección. Les dije "silencio, por favor, porque acabo de recibir esto, se los voy a leer"... y se los leí. Levanté la voz y dije: "Y yo a usted, desde aquí general Pinochet le digo", y le dije no sé qué cosa. Eso produjo un efecto electrizante. No era que yo lo atacaba a él, sino que yo hablaba directamente con él. Había un programa de radio en ese tiempo. Estaban Ricardo Claro, Herman Chadwick, Alejandro Foxley, Alejandro Hales y como dos días antes del programa de televisión ("De Cara al País", de Canal 13), Chadwick me dijo: "A mí me preguntaron qué iba a hacer Lagos" y yo contesté "Lagos lo que va a hacer es hablar directo al general Pinochet, porque es lo que hace siempre en este programa de radio". Pero hablar en la radio es distinto que la televisión. Entonces no es que haya ensayado el cuento del dedo, lo que sí yo tenía claro que le iba a hablar directo al general Pinochet, porque es lo que había hecho en todas partes. De lo que sí estaba preocupado era que cuando yo dijera eso no me quitaran la cámara, porque eso se lo pregunté al cameraman, entonces me dijo "yo lo voy a enfocar a usted señor cuando hable".
Tomic, el maestro
- Usted habla muy bien, clarito y de corrido. Este país los últimos 40 años ha tenido grandes oradores. Recuerdo a Baltazar Castro, Raúl Rettig, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende, Radomiro Tomic. ¿Me permite incluirlo entre los grandes oradores?
- No creo. El discurso de Frei de la Marcha de la Patria Joven "Anoche tuve un sueño...". A Tomic le vi una... Debe haber sido '83, '84. En el Caupolicán se iba a hacer una celebración de la Nacionalización del Cobre. Llegamos y la mitad aplaudía la Nacionalización de Allende y la otra, la Chilenización de Frei. A Manuel Bustos no le dejaron terminar su discurso. Anuncian a Tomic. Sube, se para y se queda ahí. Y la pifia, no le digo, dos, minutos, cinco, diez. Bajó la pifia un poco y Radomiro se abalanzó al micrófono y les dice: "Griten, griten más, no hemos gritado en diez años". Gritaron y después dijo: "Un minuto para que grite Tomic". Cuento corto, habló como una hora y media en medio de un silencio sepulcral. Y cuando empezaban a aplaudir decía "silencio, yo indico los aplausos". Es una de las cosas más notables que he escuchado.