"Vinieron dos señores... Pensé que querían hablar con mi otro hijo por trabajo y me dijeron que había ocurrido un accidente y que Ronald era uno de los cuatro desaparecidos".
La noticia de la tragedia del "Vicuña", el barco de bandera nacional destrozado por una explosión de metanol en Paranaguá, el segundo puerto más importante de Brasil, impactó de manera terrible en Rebeca Ríos, la madre de Ronald Peña, uno de los tres chilenos muertos junto a un argentino.
"Tenia muchos planes, se había comprado un terreno para hacerse una casita el próximo año, llevaba muchos años pololeando y pensaba casarse", agregó con la voz entrecortada.
"Llegamos a la casa y había un amigo de mi papá que nos contó del accidente. Mi madre se encontraba con calmantes, estamos destrozados", contó entre sollozos Jorge Sepúlveda, hijo del superintendente Juan Carlos Sepúlveda, otra de las víctimas, quien el domingo había viajado a Brasil para inspeccionar el carguero de propiedad de la naviera "Humboldt".
"Nos había dado un beso antes de marcharse, incluso hablamos el mismo día del accidente con él", añadió Jorge.
Los familiares de José Eduardo Obreque Manzo, quien también había viajado a Brasil el domingo por la mañana para realizar una inspección al barco, recordaron que se había despedido como cualquier día.
La tarea de ir de familia en familia debió cumplirla personal de la empresa administradora del "Vicuña", que se hundió pocos minutos después de dos explosiones, pasadas las 19,30 horas del lunes en Brasil, una menos que en Chile.
En el accidente, la mayor parte de la tripulación de 28 hombres, más dos inspectores extranjeros, se encontraba en sus camarotes, lejos del mortal combustible. Seis habían desembarcado.
Sólo los tres chilenos, más el argentino Alfredo Omar Vidal, estaban trabajando en cubierta cuando la explosión los lanzó al mar a más de 500 metros.