| 03 de Octubre de 2004 | |||
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Sobran los ejemplos de figuras de antaño que pasan sus últimos años en la cesantía, la pobreza y el abandono La vejez es el peor cuco de los actores Muchos artistas al envejecer no tienen trabajo y viven de las ganancias que lograron en su juventud... si es que aún hay algo. Si no, comienzan penurias que no acaban con la solidaridad de un público olvidadizo. Sandra Gómez / Carlos Zúñiga
Pero qué se puede hacer, ¿esperar para ayudar?, ¿legislar?, ¿prever? Pasan los años y los actores tratan de mejorar su situación, pero ahora con la ventaja que deja la enseñanza del dolor que han sufrido sus colegas. Ya muchos atinan y piden una legislación especial y los más jóvenes, que crecieron entendiendo el fenómeno, capitalizan, invierten, proyectan. "Pasa en todo el mundo", asegura Liliana Ross, dejando en claro que no se trata de un fenómeno nacional. "Los artistas viven del apostolado porque, convengamos, sólo a unos pocos les va bien y los demás viven en una medianía incierta mientras estén activos, pero cuando envejecen o se enferman, la cosa cambia. La agravante es que en Chile no hay seguro social de salud, porque la previsión es voluntaria". Liliana Ross, que se apunta como una de las actrices que tiene la película clarita, jura que más encima lo más espeluznante es que en general "la rentabilidad de los jóvenes no se compara con la de los actores más viejos, que hacen las veces de soporte de una producción. Yo te puedo decir que Silvia Piñeiro y Malú Gatica ganaban la tercera parte de lo que recibe una figura joven ahora". Y claro, nombres para ejemplificar la vejez de los artistas criollos hay por doquier y cada cierto tiempo la prensa sorprende con nuevos casos que sensibilizan. La imagen de abandono se contrapone al recuerdo feliz que hay de los artistas. Silvia Piñeiro falleció a los 80 años viviendo en una casa que le entregó la Muni de Santiago. "Vivió la vejez, la soledad y al igual que muchos pobres de su patria, el olvido", comentó sobre la actriz el padre Felipe Berríos, conocido como el capellán de los artistas. Sonia Viveros conmovió, porque falleció tras una larga y dolorosa lucha contra el lupus y contra los problemas económicos derivados de su enfermedad. Sonia acudió al apoyo de sus colegas y el público, hasta que un día no pudo más. Fernando Gallardo, también se vio acosado por las cuentas y por un cáncer costoso, contra el que luchó lo que más pudo. Myriam Palacios enfrenta una enfermedad neurológica que merma su memoria, lo que le trae problemas a la hora de buscar trabajo por su dificultad al memorizar textos y, a sus 72 años, recibe la ayuda de un vecino. Y el último caso que emergió fue el de Soledad Alonso. La actriz sufre de crisis depresivas que comenzaron cuando hace dos años desapareció de la televisión. Según su hermana Gloria "estas terapias culminan en una inserción social y cuando no hay cabida para ellos, el problema se agrava".
¡A legislar!Al respecto Liliana Ross cree que la solución es legislar , porque "no podemos vivir de la mendicidad", dijo y agregó luego: "La ley no nos contempla y la gente tiene una imagen errada de que ganamos millones y millones, pero no entienden que el problema es que en muchos casos trabajamos sólo algunos meses del año".La Lili tiene claro que el tema de fondo, más que cualquier otro, es el médico. "Deberíamos tener algún resguardo laboral porque trabajamos free-lancer y sin previsión ni servicio de salud". Y dio el mejor ejemplo, el suyo. Contó que se puso chúcara y no quiso grabar escenas de galope a caballo en la teleserie que actualmente exhibe Canal 13, "Tentación". "Me resisití a andar o saltar en el caballo, porque vi el caso de Christopher Reeves, que quedó parapléjico, y también la Princesa Ana, que se sacó la mugre por caerse del bicho. Y yo pensé, bueno, si a ellos les pasó eso y eran tremendos jinetes, imagínate yo, que no cabalgo nada... ¿y si me caigo y me pasa algo, quién me paga?, ¿ah?" Teresita Reyes también contó que "no somos empleados de nadie y cuando estamos viejos no nos dan pelota, no tenemos previsión ni seguros sociales". La gordita aclara que muchos de sus colegas no cuentan con la posibilidad de imponer, ya que "no todos tienen una pega estable". En todo caso, la actriz y directora de teatro hace su mea culpa: "Reconozco que hay que tener capacidad para administrar la plata, porque hay mucha gente que no es, ni fue, previsora. Como la misma Piñeiro, que era muy generosa, mantuvo a toda su familia, pero al final, se quedó pobre". Y destacó también que los cabros de ahora se pegaron la cachá. "La gente joven sí se preocupa y capitaliza".
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