03 de Octubre de 2004
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David Reyes

Cuando algo se le mete en la mollera a Olmos, es casi imposible que cambie de opinión. Por eso si se lo topa manejando contra el tránsito ni se le ocurra convencerlo de su error, los equivocados son los demás. Seriote y trabajador, sólo piensa en ganar.

(Foto: Juan C. Cáceres)

Luis "monoverde" suárez
¿Micro qué...? La prensa ecuatoriana no cachó en que dialecto les hablaba el técnico colombiano Luis Suárez.

Simplemente se refería a los microciclos, revolucionaria pomada que no soluciona problemas viales, pero permite trabajar intensivamente con reducidos grupos de jugadores.

El problema es que después no nominó a todos los pericos que llegaron a los microciclos y la hinchada no tuvo más remedio que rascarse la cabeza con cara de pregunta.

Al igual que Olmos, le tiene cualquier fe a las vibras positivas y trata de que los jugadores se engrupan, con los "conceptos previos", onda, "todo es mental".

El "pelacables" bielsa
Los pibes le dicen el "Loco". Y tras su renuncia a la selección argentina, a medio camino a Alemania 2006 y después de haber conseguido el oro olímpico por primera vez, el "Loco" agarró sus pilchas y se bajó de la micro.

"Ya no tenía energías" fue su explicación. Todos quedaron postre, porque en la fallida incursión de Japón 2002, se aferró al puesto. A ese mundial llevó 1.800 cintas de video y no Triple X precisamente.

Dicen que tiene grabado cada movimiento de sus dirigidos y de todos los rivales. Tan pegado con los videos, solía conseguirse una camioneta equipada con videocasetera para ir mirando vídeos de fútbol camino a las concentraciones.

Las pirámides egipcias y juvenal Olmos tienen algo en común, aparte de que ambos siguen siendo un enigma para la ciencia: Hermes Trismegisto, maestro, entre cuyos discípulos se cuenta el "Green Dog" chilenurri y el egipcio Imhotep, constructor del primer gran mall faraónico de Sakkara, allá por el 3500 a.C..

Ya es archiconocido en el mundo pelotero criollo que Olmos es un seguidor contumaz de la filosofía hermética, lo que sumado a un carácter de temer, amor a la disciplina y no conocer la frase, "lo siento cabros, me equivoqué" convierten al "Pinturita" en un técnico tan imposible de predecir como un terremoto.

Sin embargo existen pistas para entender qué es lo que ocurre en ese extraño universo que es la mente de Olmos.

Hermético y cuático

No se puede negar que es un tipo ordenado y metódico en su pega. Casi esquemático.

Por eso, el talento sobre la redonda lo descoloca, no es científico, medible, pesable en sus esquemas. De ahí que decretara la muerte del 10 clásico y se resista a los jugadores que despliegan magia en la verdurri, que "juegan para los periodistas", como dice él.

A pesar de ello, no le quedó otra que incluir a David Pizarro en la titularidad.

A sus más cercanos no les sorprendió que no dudara en cortar al chicoco apenas tuvo la oportunidad. Ni la vuelta de carnero del "Fantasista" pidiéndole disculpas lo salvó del inexorable castigo del técnico.

Y esa misma disciplina de hierro es la que llamó la atención mientras fue entrenador de La Cato. Impuso multas a los muñecos que llegaran atrasados a los entrenamientos y prohibió los celulíticos durante los almuerzos. Todavía hoy se atraganta cuando un jugador se pone a chacharear por cuernófono en Juan Pinto Duran.

¿Quieres ser Juvenal Olmos?

Eso no significa que Olmos no haya roto los códigos, su genio también lo traiciona. Como en 1994, cuando siendo jugador le aforró a un camarógrafo de TVN en una partido entre los pirulos y Antofagasta en el norte. Al regresar a Chago City lució un parche en la boca a modo de protesta contra la prensa. El parche hacía juego con las zapatillas, por supuesto.

Es que él nunca se equivoca. Puede hacer viajar a un jugador medio planeta, sólo para que caliente la banca, no importa que esté en su mejor momento.

Le gusta hacer actividades de grupo con sus dirigidos, asados, escalar montañas, jugar al bachillerato o a la botella, pero siempre con la intencionalidad de cacharles la perso, porque en las concentraciones almuerza separado del plantel y a veces ni los saluda.

Un día Olmos típico parte a las 05.00, cuando sale a trotar religiosamente y si está concentrado, se machaca en las máquinas de Juan Pinto Durán.

Desayuna, va a dejar a su hija Valentina al colegio y a las 9.00 ya está en Quilín, en donde analiza videos de fútbol toda la mañana.

Seco pa' la pega, todos reconocen que ser abnegado es su mayor virtud. Cuando estudiaba Educación Física, apenas alcanzaba a tomarse un yogur después de ir a los entrenaminento en La Cato.

Le gusta el trabajo en equipo, aunque al final, siempre el que corta el queque es él. Raro, ¿o no?.


 
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