05 de Septiembre de 2004
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Cuando la pasión no mide riesgos
El descontrol de dos personas, en el lugar o momento no apropiado, puede acarrear graves problemas... sobre todo si una de ellas (o ambas) tienen compromiso.

La película española "Entre las piernas" plantea el problema de la sexo adicción, problema por el que también atravesó el actor Michael Douglas.

Frente a La masturbación compulsiva, en la etapa juvenil, o el descontrol del sexo en la etapa adulta, requieren de ayuda profesional.



Tratamiento
El tratamiento de las obsesiones sexuales puede incluir: * Psicoterapia.

* Consejo o asesoramiento conyugal.

* Medicación antidepresiva, del tipo de la fluoxetina.

* Apoyo de la familia y los amigos, para ayudar al proceso de recuperación.

Signos y síntomas
Algunos signos manifiestos son: tener varios compañeros sexuales o relaciones extraconyugales; tener relaciones sexuales con una sucesión de compañeros anónimos, incluidas prostitutas; utilizar las líneas de teléfonos eróticos; realizar prácticas sexuales sado-masoquistas, como experimentar excitación sexual mientras se aplica o se siente dolor durante la relación sexual, y mostrar actitudes exhibicionistas.

¿Es posible controlarse cuando se tienen ganas de tener sexo?
Cesar, 30 años, junior bancario:

"Sí se puede, aunque depende del estado de ánimo de la pareja. Sé de parejas que lo han hecho imprevistamente".

Juan, 52 años, vigilante:

"Depende de la madurez y de la edad. Quizás si fuera más joven lo haría. De hecho, los jóvenes lo hacen donde sea, yo he visto varias veces traseros pelados por ahí".

Vanitza, 20 años, estudiante:

"Es probable. Hay gente enferma, a los que el cuerpo les pide eso de un momento a otro. Ahora, si es la propia pareja, no hay razón para controlarse".

Marcos, 20 años, estudiante:

"No creo que sea fácil controlarse. Claro que en algunas situaciones es necesario, como cuando no hay protección. Ahora, si hay protección... hay que tirarse al agua no más".

Javier, 23 años, estudiante:

"Si uno está copeteado y con la propia mina, no creo que se pueda. Pero en la mayoría de los casos, uno sí puede controlarse".

Paula, 32 años, dueña de casa:

"Si se ha tomado algunos tragos es más difícil poder controlarse. Pero, en general, depende de la situación y el lugar. En todo caso, igual uno puede ir a algún otro lado a hacerlo".

Miranda es una locutora de radio con un programa de madrugada, quien está casada con Félix, un jefe de policía.

Ella sufre una enfermedad especial: es adicta al sexo.

Ese problema la obliga a asistir a terapia de autocontrol, donde conoce a Javier, un productor y guionista de cine, que tiene la misma dificultad.

Al momento de verse se dan cuenta de que la terapia tiene pocas posibilidades de funcionar. La castidad exigida no la pueden cumplir y dan rienda suelta a su pasión.

La historia de estos sexoadictos es la que plantea la película "Entre las piernas" (1999), dirigida por el español Manuel Gómez, e interpretada por Victoria Abril y Javier Bardem, en los roles principales.

Los "enfermos" no aguantas sus ganas y se dejan llevar por sus impulsos, arremetiendo sin ningún control a la posesión física del 'contrincante'.

Otros personajes con igual sexo adicción son una madre lesbiana que abandona a sus hijas para irse con su amada, un gay incontrolado que le quitó el novio a su hermana, un taxista heterosexual con Sida y travesti.

El actor Michael Douglas, hoy casado con la actriz Katherine Zeta-Jones, declaró que durante un tiempo fue adicto al sexo, problema que lo obligó a internarse en una clínica para una "desintoxicación sexual".

Douglas declaró que no es 'tan bueno' como la gente cree, porque se pierde la noción del resto de las cosas que rodean a las personas y se piensa solamente en lo sexual.

COMPULSIVOS

El comportamiento y la expresión sexual son parte de una vida sana y normal, pero se transforma en un problema cuando la necesidad y preocupación por el sexo superan lo considerado normal. Vale decir, cuando ello interfiere con las demás actividades de una persona.

Es lo que ocurre con la masturbación juvenil, que de ser una actividad normal en la etapa adolescente pasa a ser un problema grave cuando el joven centra todo su interés en esa práctica, olvidándose de los estudios, sus amigos, deportes, familia y otras actividades que le son propias.

Frente a esa masturbación compulsiva, en la etapa juvenil, o el poco control del sexo en la etapa adulta, requieren de ayuda profesional.

"Básicamente, este trastorno se caracteriza por la gran pérdida de tiempo en actividades relacionadas con el sexo, dejando de lado, los aspectos importantes de la vida diaria en términos sociales, laborales y de ocio. No es raro ver que en repetidas situaciones se intente reducir o controlar los deseos sexuales, sin embargo, en muy pocas ocasiones se logra conseguir este objetivo", expresa la sicóloga Gina Muñoz.

Este tipo de alteración se conoce con diferentes nombres, entre los que se encuentra la de 'adictos al sexo, pero que -en definitiva- apuntan a la misma enfermedad: obsesión sexual.

Algunos especialistas hablan de que se trata de una adicción parecida a la de los drogadictos, lo que requiere un control estricto; mientras otros reafirman que esta enfermedad está relacionada con un comportamiento obsesivo-compulsivo.

Como sea, la obsesión sexual es una manifestación real que interfiere con las actividades de la vida diaria en una persona, constatándose un mayor porcentaje entre los hombres.

PUEDE SER CRÓNICO

Las personas que padecen esta patología pueden estar casadas y llevar relaciones aparentemente normales; sin embargo, llevan una doble vida y tienen dificultades para establecer y mantener intimidad emocional.

"El comportamiento sexual compulsivo tiende a ser crónico e intenso y a estar más allá de la capacidad de la persona para controlarlo. Si bien, se puede encontrar satisfacción inicial por medio de este comportamiento, no se es capaz de alcanzarla pasado cierto tiempo", añade la sicóloga.

Explica que "de hecho, las personas con un comportamiento sexual compulsivo pueden notar que su vida se vuelve vacía y, con frecuencia, emplean el sexo como una forma de hacer frente a otros problemas, tales como la soledad, la depresión, la ansiedad o el estrés".

¿CUÁNDO OCURRE?

Los celos, el egoísmo y la envidia forman parte del comportamiento más reiterado de alguien que sufre este grave problema sicológico.

Una persona que sufra de obsesión sexual nunca estará en paz, porque siempre sentirá que está latente una posible amenaza que le invada su terreno.

Los obsesivos sexuales pueden ser un peligro para los demás, cuando pasan a ser patológicos, y en estricto rigor sicóticos, en que su personalidad ya está absolutamente fuera de sí.

Muchos expertos creen que debajo de las obsesiones y las compulsiones sexuales subyacen otros problemas sicológicos.

Se explica que la obsesión sexual puede ser un mecanismo mal adaptativo de enfrentarse a otros problemas emocionales, como los trastornos del estado de ánimo o los de la personalidad.

"Por ejemplo, si se ha crecido en una familia disfuncional o se ha sido sometido a abuso físico o sexual durante la infancia, se puede tener una actitud poco saludable hacia el sexo. Este tipo de experiencias traumáticas pueden ser la causa de sentimientos de vergüenza, que pueden inhibir la expresión y la intimidad sexuales, lo que resulta en una alteración de la actividad sexual hacia un extremo", expresa Gina Muñoz.

Aclara que, "estando solo y deprimido, se puede percibir que las compulsiones sexuales son una forma de llenar el vacío de la vida; pero, aun cuando se pueda encontrar un alivio a corto plazo a través del comportamiento sexual compulsivo, los sentimientos negativos retornan pronto, con frecuencia a un nivel mayor que antes".

Enfatiza la profesional que, "la mayoría de las personas con obsesiones sexuales necesita un tratamiento especializado, ya que los esfuerzos individuales suelen tener poco éxito a causa de que -por definición- una compulsión sexual tiende a estar más allá del control de cualquier individuo".

COMPLICACIONES

Si se experimentan obsesiones y compulsiones sexuales, se tiene mayor riesgo de desarrollar diferentes complicaciones, como aislarse de su pareja o sentirse decepcionado del matrimonio o de otras relaciones primarias; acumular grandes deudas económicas al intentar satisfacer las necesidades sexuales, gastando dinero en prostitutas, pornografía o líneas eróticas, y contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS) aumentando el riesgo de contagiarlas a otros compañeros sexuales.

También, ser arrestado por delitos sexuales como el exhibicionismo o la práctica del sexo en la vía pública; no atender al trabajo o la profesión, con el riesgo de ser despedido; aumentar el riesgo en comportamientos como la drogadicción o el alcoholismo, y experimentar sentimientos de vergüenza y culpabilidad al ser incapaz de controlar el propio comportamiento que se sabe que es socialmente inaceptable y que interfiere con las relaciones normales.

La obsesión sexual se da mucho más en estados patológicos, porque a nivel normal se manifiesta en fantasías que no se canalizan en acciones y sólo se desarrollan en la mente de las personas, no siendo dañinas para la pareja.

A la vez, cuando la obsesión sexual ya está afincada en el sujeto, llega a ser parafílica y, por lo mismo, existen ideas recurrentes frente al sadomasoquismo, zoofilia o pedofilia, entre otras.

Es necesario aclarar que la obsesión sexual patológica nunca se supera, porque ya está demasiado arraigada, no obstante la no patológica (neurótica) es normal y tiene tratamiento para enfrentarla.


 
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