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| 15 de Agosto de 2004 | |||
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Seguidores y contrarios al cuatiquero mandatario deciden hoy si se va pa'la casa Chávez prometió que no será mono porfiado en referéndum
En un clima de alta tensión, la democracia chévere se enfrenta a una prueba crucial con esta consulta, luego de un período de convulsión marcado por un golpe de Estado, un largo paro y violentas protestas. Mientras Chávez apuesta a fortalecer su liderazgo con una victoria sobre sus adversarios, que califica de oligarcas al servicio del imperialismo estadounidense, la oposición busca sacarle el piso a un líder que considera populista, guaripola de un golpe de Estado y demasiado afín al régimen cubano de Fidel Castro. Chávez saltó al ruedo político llanero la noche del 4 de febrero de 1992, cuando capitaneó una asonada militar que, aunque costaleada, lo impulsaría de un paraguazo a la Presidencia de Venezuela, mediante elecciones democráticas unos años más tarde. Al cabo de más de un lustro en el gobierno, Chávez no paró el chicharreo, reclamando un espacio como líder contra el neoliberalismo y las políticas del "imperio" del norte, como gritó en una de sus puntudas declaraciones.
Agrandado y gritónSegún la trinchera opositora, como un Narciso cualquiera, Chávez se cachiporreó e incentivó el culto a su personalidad y a su potencial de lengua, sentenciando que en Venezuela no hay líderes con suficiente estatura para salirle al paso."Esta batalla es entre Chávez y Estados Unidos y si vamos a personalizar, la batalla del 15 de agosto es entre Chávez y (el presidente de Estados Unidos George W.) Bush. No hay otra confrontación", afirmó durante la campaña proselitista previa a la consulta. Con el intento golpista del 11 de abril de 2002, el muñeco descubrió que su respaldo en los cuarteles no era tan sólido como proclamaba a los cuatro vientos. Sus cinco años y medio de gobierno han estado marcados por voladeras de plumas con todos los sectores del país que intentaron disentir de sus políticas. De sus ataques pocos se salvaron, ya que llovieron sobre sindicatos, empresarios, personalidades, partidos políticos e incluso obispos. Una pelea particular fue con los medios de comunicación independientes, a los que criticó y responsabilizó del intento golpista de abril de 2002. Ahora, durante la campaña proselitista hacia el referéndum, trató de suavizar su imagen con un discurso menos agresivo, palabras de apertura hacia los sectores privados y promesas de diálogo.
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