RANQUIL .- Las aceitunas se están convirtiendo en la gran panacea de los campechas de estos lados, muchos de los cuales arrancaron sus viñedos para plantar olivos, uno de los árboles más antiguos del planeta, con el fin de cosechar sus frutos que por estos días alcanza un precio interesante en el mercado.
Un ejemplo de que la cosa resulta lo entrega don Carlos Figueroa Rubilar, cuyos antepasados, y él mismo, dedicaron casi toda una vida a la producción de viñas. Fue en 1998 cuando optó por cambiar a los olivos siguiendo los consejos de estudiosos en la materia.
En su terreno de 5,2 hectáreas,del secano costero, plantó 267 árboles que cada año le entragan aceitunas de la variedad sevillanas, que prepara en forma natural para la venta. "El olivo acá está en su salsa, porque el clima es muy favorable para el cultivo de estas plantas", asegura el hombre.
Hasta ahora todo ha marchado sobre rieles, dice. Esperaseguir capacitándose, vender sus aceitunas envasadas y mejorar la calidad a través de la incorporación de otra variedad que hace unas semanas trajo de una gira técnica por la Cuarta Región.
Sus aceitunas se distinguen por estar preparadas, sin aditivos ni colorantes, por lo que el sabor es diferente, más sabroso y aromático. Lo que reconocen quienes las compran, tanto en su parcela, como en Tomé y Chillán.