18 de Julio de 2004
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Ring musical de cuatro perillas deja a estresados listitos para ver el cielo
Manuel Torres A.



Marianela Segura sintió que estaba lejos de la estresada capital y que viajaba al infinito y más allá en compañía de estelares notas musicales y sonidos que también le masajeaban el lomo y las piernas.

(Foto: Rodrigo Moya)

Marianela Segura fue ayer la eventual conejilla de indias del experimento con un llamado "catre musical". Pese a su resistencia inicial a participar, finalmente se subió con naturalidad y acomodó su humanidad con toda confianza. Luego, cerró los ojos y se dejó llevar por los sonidos cósmicos que provenían desde los cuatro pequeños parlantes que estaban sobre ella y de otros cuatro que, como resortes desvencijados, vibraban bajo la colchoneta de una plaza , casi como tablita de planchar.

A continuación, Ramón Robles, el Giro Sintornillos del somier acústico y subdirector del Planetario de la Universidad de Santiago, le masajeó las orejas para relajarla en su viaje y le pidió que le avisara cuando le vinieran las ganas de bostezar. "Ya, ahora", respondió Marianela y él, como un DJ, se desplazó hasta la mesa de sonido a subir el volumen estelar. El periplo hacia el estado Alfa, uno de los máximos de relajación humana, estaba en marcha.

Quince minutos más tarde, el "gran creador" le anunció que había llegado a la estación terminal y que todos los pasajeros debían descender. Ella, como si hubiera hibernado con el oso Yogi en una cueva canadiense, se desperezó de a poco y lentamente se hizo el ánimo para bajarse. Sus cachetitos estaban coloraditos y su espalda calentita, como si hubiera dormido sobre una plancha o una frazada eléctrica. Pero, al pisar la tierra alfombrada, el piso se le movió, señal inequivoca de que las notas de la música New Age y místicas todavía gobernaban su cabeza y, por ende, el resto del esqueleto.

Inmediatamente, el gurú de la movida se acercó a socorrerla. Utilizando técnicas de acupuntura, le clavó sus dedos -cual agujas de carne- en las muñecas y poco a poco el golpe de oxígeno hizo que le volviera el alma al cuerpo. Marianela, sin querer, se había graduado y enamorado de está innovadora técnica de relajación. Se sentía como nueva, pese a que el box spring-songs no está dirigido a ella.

El profe explicó que el somier musical le viene como anillo al dedo a quienes, como los apóstoles de la prensa, viven estresados, con ene temores, insomnio y achaques, cuestiones en las que la medicina tradicional ha dado bote. Le sirve, incluso, a los que padecen cáncer.

La música vibratoria, según el caperuzo, hace que el cerebro produzca endorfinas, una suerte de droga que hace sentir tiqui taca a los seres humanos, algo así como "anti-inflamatorios" naturales.

Robles, quien hace 15 años trabaja en la camita, dijo que ya son 35 las personas que han experimentado sus beneficios.


 
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