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| 18 de Julio de 2004 | |||
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Cultura de lo ilegal ataca a lo ancho y largo de nuestra orate geografía Hasta bacanes se cuelgan del cable Ricardo Manzur
Ocho de julio pasado. Llegan al edificio fiscalizadores de la empresa VTR y efectivos de Carabineros. Tras una acuciosa investigación, determinan que 18 de los 20 depas, que tienen un valor de 4 mil UF y gastos comunes por más de 100 lucas, están "colgados" al servicio de TV pagada. No los multan. La mayoría de los propietarios aseguraron carepalo desconocer la situación. ¡Saaaa! Jueves 15 de julio. Exclusivo condominio de Santo Domingo, Quinta Región. Personal de la Fiscalía de San Antonio y de la Brigada del Cibercrimen de Investigaciones allanan el lugar y descubren alrededor de 100 señales piratas de cable. Nuevamente los propietarios se hicieron los de las chacras.
¿Y por qué chorean?Estos dos hechos no son menores. En sólo una semana se pudo constatar que la mala costumbre de "colgarse" a la tele por cable no es exclusiva de las poblaciones o barrios populares.Aquí se trata de personas que, acostumbradas a pasar piolita tras la imagen de un "hombre de bien", cometen delitos que son tan o más graves que un simple cartereo o choreo. Porque detrás de estos ilícitos no existe una necesidad de subsistencia. No son pericos que andan a patadas con los piojos ni comiendo sólo si consiguen un pitutito. Por el contrario, simplemente lo hacen por choreza o por la "satisfacción que da romper con lo establecido, de sentirse al límite de lo legal", explica el doctor en Psicología y director de la Fundación para la Dignidad de la Persona, Giorgio Agostini (ver recuadro).
Robos con linajePero estas conductas no sólo se manifiestan en este tipo de delitos. Tan y más conocidos son los casos de pericos que, pese a provenir de estratos socioeconómicos medios o altos, andan tirando las manos en los supermercados. La mayoría pasa piola, jamás despierta sospechas en los guardias.Otros son mucho más pungas y antes de pagar la cuenta del hotel, aprovechan de meter en la maleta jabones, peinetas, toallas y hasta el papel higiénico. También, según se supo esta semana, la Fundación Las Rosas ha pasado a pérdida por esta onda. Una de sus campañas consiste en instalar en empresas e instituciones -lo que implica gente con buenos sueldos- un display de galletones, para que cualquiera pueda sacar uno y se ponga con tres gambas. No hay cerraduras ni controles, todo depende de la honestidad. Y por confiar en eso perdieron feo, porque no es raro que a fin de mes en la alcancía no cuadre la plata. Según Agostini, en esto casos actúan dos tipos de ladroncetes. Los primeros son los cleptómanos, quienes no pueden controlar sus impulsos y se chorean artículos insignificantes. Los segundos corresponden a personas que roban sólo por desafiar la regla, para sentirse pillos o choros maltones. "Muchos se roban artículos de los hoteles porque piensan que están incluidos en el precio. Sienten que las cuentas son tal altas que no es un delito lo que están haciendo. En el fondo piensa: 'ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón', concluyó.
Buches: Más 180 mil "colgados"Según estimaciones de la empresa VTR, existen más de 180 mil frescolines que están colgados en Chilito, los que se encuentran distribuidos de manera homogénea en los distintos estratos socioeconómicos."Estas cifras son muy alarmantes, ya que implican que en Chile se está instaurando una verdadera cultura de la ilegalidad y la piratería, similar a la que existe en otros países y de la que, supuestamente, Chile está ajeno", explicó el gerente de operaciones de VTR, Matías Pizarro. Según el caporal, los compadres que se pasan de vivos y se cuelgan como monos arriesgan penas de hasta 5 años tomando sol a cuadritos. "A estas alturas nadie en Chile puede escudarse en que no sabía que colagarse al cable es un delito", agregó Pizarro, quien está a cargo del control de las conexiones fraudulentas a la red. "Quienes se cuelgan al cable están afectando seriamente la calidad del servicio que reciben nuestros clientes, por lo que nuestra acción no se detendrá hasta eliminar este problema", remachó el hombre.
"Lo ven como una choreza"El doctor en Psiclogía Giorgio Agostini es tajante: más del 22 por ciento de los chilenos se ha colgado de la televisión por cable o guachipeado un artículo de un supermercado o una multitienda."Las personas están motivadas por un supuesto rompimiento de la ley. Se sienten atraídos por lo desconocido y son capaces de robar algo, aunque no tengan la necesidad económica de hacerlo". Agostini entrega un guarismo más alarmante respecto de la honestidad nacional. Asegura que más del 35 por ciento de los compatriotas, si tuviera la oportunidad en sus narices, sería capaz de tirar las manos. "Esto es independiente a la situación socioeconómica de la persona, no es algo de los necesitados. Esto es muy común del latinoamericano, que no condena estos ilícitos y, muy por el contrario, llegan a premiar lo que consideran una choreza o pillería", explica el doc. En todo caso, el profesional agrega que no hay que condenar de una, pues más allá de pelarse un cachivache, "estas personas no son capaces de matar una mosca. Se puede decir que son conductas delictuales menores, que son solucionables con un tratamiento adecuado".
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