07 de Julio de 2004
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Drama de madre ecuatoriana que está a punto de dar a luz hijo con grave malformación
Betty Sánchez Orozco: "No sé si tengo que comprarle ropa a mi bebito o ir a un cementerio"
Abel Fuchslocher

(Foto: Alejandro Lepín)
La sombra del aborto terapéutico
Aunque para una madre es muy difícil admitirlo, Betty cree que el aborto terapéutico le habría evitado todo este tiempo de sufrimiento, preocupación e incertidumbre: "Por lo menos debieran preguntar".

La mujer explica que "si el médico ve que tiene esta malformación, otra en el corazón y dan 70 por ciento de posibilidades de muerte, deberían darte la opción de si tú quieres continuar manteniendo un bebé así".

Ella habría respondido que sí, "porque es algo que te mata, tienes que hacerte la idea de que eso hermoso que tienes en tu vientre va a morir. Y eso es terrible".

La más amarga espera está sufriendo la mami Betty Sánchez Orozco, ecuatoriana de 31 años avecindada los últimos 10 años en Chilito.

En su vientre está por nacer su tercer hijo, el único varón; pero viene enfermito de Onfalocele, una malformación que lo hizo gestarse con hígado, baso y parte del intestino fuera del abdomen y que le da sólo un 30 por ciento de esperanza de vivir cuando sus pulmoncitos reciban aire por primera vez.

Esta pesadilla de ocho meses tiene a Betty destrozada. Hasta hace poquito no quería hablar con nadie del tema y ahora llora cada vez que ve a una guagüita, un coche o cualquier cosa que se asocie a un niño.

"Es una situación desesperante, no sé si tengo que comprarle ropa a mi bebé o ir a un cementerio. A esta altura mis otras hijas ya tenían toda su ropita, pero ahora no sé, no sé cuantos pañales comprar, cuanta ropita, ¿una muda?, ¿ dos?", explicó tratando de contener las lágrimas.

En su vía crucis ha pasado por el mutismo a la consulta bibliográfica sobre la enfermedad de su peque, y de ésta a conversas con sacerdotes, sicólogos y los mismos doctores. Pero ni la fe ni la ciencia le dan la paz necesaria.

Lo único cierto es que en poco más de un mes su bebito nacerá con gran parte de su sistema digestivo protegido sólo por una delgada membrana, y con muchas posibilidades de morir.

Conejillo de indias

Lo peor -explica- es que el sistema de salud no ha sabido atenderla humanamente, orientarla y explicarle qué pasa con su chiquilín.

Antes de aclarar que "de todos los doctores que he visto el único que se ha portado bien es el doctor Valderrama del San Borja", cuenta que ha pasado infructuosamente por el Sotero del Río, J.J. Aguirre y consultorios varios.

"Me siento como un conejillo de indias, lo único que parece interesarles es que mi embarazo llegue a término para estudiarlo a fondo -agrega-; me mandan a tomarme exámenes y me piden que les deje muestras para estudiarlo. Eso no me parece digno".

Ilustró con el ejemplo de un doc discriteriado, que le dijo "no se pr eocupe que los niños enfermos no dan tanto problema como los sanos".

Se calla y pone su mano en el vientre. Concluye diciendo que "esto no es genético; en las primeras ecografías se veía bien, la malformación apareció después que me inyectaron penicilina".


 
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