29 de Junio de 2004
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Héctor Cossio L.



Muni debe indemnización de 24 millones
Como suele ocurrir en estos casos, el proceso judicial se dilató hasta que las víctimas perdieron las esperanzas. De hecho, Carlos no resistió los avatares de su enfermedad y finalmente falleció hace tres meses, sin alcanzar a conocer el destino de la demanda por la cual luchó los últimos días de su vida.

El año pasado, el tribunal condenó a la Municipalidad a pagar 12 millones de pesos para cada uno de los dos seropositivos como indemnización por daños y perjuicios, morales, físicos y sicológicos, es decir, 24 palos.

Las irregularidades que se establecieron fueron muchas. En primer lugar, se burló el conducto regular. El papel pasó del médico a los auxiliares sin llegar hasta la enfermera Alicia Ulloa Bahamondes, quien, por designación del Servicio de Salud era la persona facultada para emitir los diagnósticos confidenciales.

Segundo, el reclamo contra el director del Departamento de Salud no realizó el sumario correspondiente y en lugar de investigar y sancionar al médico cuestionado, se le pidió la renuncia para no afectar su carrera profesional.

Con esto se pasó a llevar también el artículo 4 de la Ley 18.575 sobre Bases de Administración del Estado y el artículo 137, de la Ley 19.695 sobre la Orgánica Constitucional Municipal.

El texto de la demanda, sin embargo, le dio una especial atención a la infracción al artículo 7 Decreto Supremo 466 del Minsal, que dice: "El Ministerio de Salud velará especialmente para que se cautele y haga efectivo el derecho a la privacidad de los enfermos de Sida, de los portadores de serología positiva, de los contactos y de los respectivos grupos familiares".

El artículo 8 habla de la responsabilidad administrativa "conmina a los directores de Servicio de Salud a deducir acciones administrativas o judiciales que correspondan cuando se infrinja los dispuestos en la disposición citada".

Bendita confidencialidad Anabella Arredondo, del Conasida, además de considerar insólita la situación, explicó que la confindencialidad es un tema muy antiguo y que debe ser respetado.

"Si uno hace una lectura amplia, se encuentra con ley de Protección de Datos Personales, que invocó luego la Ley del Sida. Ahí se explica que toda la información que tiene que ver diagnósticos es confidencial. Por este motivo, se cambiaron las licencias médicas para que guarden la privacidad. Ahora no se entera el empleador, como antes ocurría, de la enfermedad que tiene la persona. Por eso que es un tema cada vez más fuerte el derecho de la confidencialidad. Cada persona debe ser libre para decidir a quién le quiere comunicar que problema de salud que le aqueja", indicó la profesional.

Julio Ibarra, concejal de PAC, contó que la viuda, a la que ha prestado apoyo, espera ver resarcido su dolor con la indemnización que debería pagarle la Municipalidad.

"Ella sueña con comprarse su casita. Desde el día en que se filtró que tenía el virus, que viven en un rancho muy pobre. Como concejal, me preocupa que la Municipalidad pierda 24 millones de pesos, pero aquí hay también un tema de humanidad, de solidaridad. Creo que como municipio tenemos el deber de pagar, aunque sea a este costo. Una familia se destruyó por la falta de rigurosidad de un consultorio. Es nuestra responsabilidad", indicó el concejal, quien fue una de las primeras personas que tomó conocimiento de esta situación, debido a que en el proceso se impuso una cláusula que limita el acceso al expediente.

Al hacerse pública la causa en la sesión de Concejo del martes último, el concejal Eduardo Pastene indicó que ya no hay por qué quedarse callado con esta historia. Las personas afectadas necesitan de su privacidad, pero resulta que éste es un proceso en donde el municipio tiene un deber. No hay por qué esconder los antecedentes; por eso espero que las autoridades de esta comuna reflexionen el tema a fin de llegar a un avenimiento y no seguir dilatando la situación. Si sigue así todo esto, es probable que no podamos reparar en algo el daño causado a esta humilde familia", sostuvo.

Por error, negligencia, descuido o simple desinterés, un matrimonio de la comuna de Pedro Aguirre Cerda (PAC) ha debido soportar la intolerancia de sus vecinos, la discriminación en los colegios y la incomprensión de sus parientes cercanos, tras revelarse, como un cahuín malintencionado, que hace más de siete años viven con el virus del Sida.

Pero lo dramático no fue el rumor que alimentó el estigma, sino la grave infracción de un consultorio del sector que no respetó las normas de confidencialidad en la entrega de diagnósticos y dejó la mansa crema.

Acostumbrados a vivir como "los marcados" y al interior de un ghetto familiar, Mixy A.M.B., de 45 años, madre de 5 hijos, sólo espera que el daño sea reparado una vez que la justicia obligue al municipio de PAC a pagar la indemnización que se solicitó dos años después que hasta su casa llegara un papel de roneo escrito a mano con membrete del Consultorio La Feria, donde le recordaban a su esposo argentino, Carlos C.G., que no faltara a sus controles del Virus de Inmuno Deficiencia Adquirida (VIH).

Ha llegado carta..

Hasta el 22 de abril de 1997, el matrimonio argentino-chileno vivía relativamente bien en la casa de la madre de ella. Tiempo atrás habían recibido la pésima noticia que ambos estaban viviendo con el virus del Sida, pero se trataban responsablemente en el Hospital Barros Luco. Él padecía ya de enfermedades oportunistas y ella era sólo portadora. La alegría de ambos, sin embargo, era que ninguno de sus niños tenía el mal.

De este modo, hicieron una vida normal. Nadie sabía de su secreto, hasta que Carlos se agarró una broncopulmonía y cayó en el hospital. El trasandino comenzó a tratarse en el Consultorio La Feria.

Pero cuando se ausentó de uno de los controles, los médicos le enviaron un mensaje para que no los abandonara. El propósito fue loable... el procedimiento, vergonzoso.

Condoro irreversible

El médico de turno, quien fue despedido tras el escándalo, pero sobre quien no pesó ningún sumario, escribió a mano en un papel de roneo la siguiente frase: "Presentarse para tratamiento de TBC y VIH".

Una auxiliar de enfermería fue comisionada para entregar el mensaje. Sin ningún tipo de cuidado, sin sobre ni certificación, la mujer llegó hasta la casa del matrimonio y entregó la misiva a la suegra del argentino.

La mujer, de edad avanzada, leyó el texto y no comprendió. Luego fue donde una vecina y consultó sobre la siglas: "Eso es Sida", le dijeron. "Tu yerno tiene sida y lo más probable que tu hija también. Están infectados".

Asustada, la mujer acudió al consultorio, donde increíblemente le confirmaron el diagnóstico.

Presa del pánico propio de quienes ignoran los alcances del mal, al regresar a casa, la señora expulsó a su hija, yerno y niños a la calle. Como no tenían dónde vivir, tuvieron que arrancharse en el patio, en una mediagua indigna.

El vecindario se enteró de la noticia, los estigmatizaron, en el colegio los compañeros se burlaron de sus hijos y, lo peor de todo, se perdió la unidad familiar.

Marginados como otrora se hacía con los leprosos, la vida de estas personas se convirtió en un infierno, por lo que en 1999 decidieron interponer una demanda ante el Segundo Juzgado Civil de San Miguel.


 
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