18 de Junio de 2004
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Vivi "Mil Caras" Kreutzberger: Sin miedo al ridículo
Vivi no tiene complejos para disfrazarse de lo que sea. Lejos de achuncharse, cada vez ha ido poniéndose más osada, incluso llegó a vestir de plumas y mala suerte a los que no les gustó. Ella lo pasó de lo más bien y por la forma en que ahora valora su tiempo, ser feliz es lo más importante

(Foto: Copesa)
(Foto: Copesa)
(Foto: Copesa)
(Foto: Copesa)
(Foto: Copesa)
Vivi Kreutzberger es digna heredera de su padre. En pocos años la chiquilla se ha posicionado como uno de los rostros femeninos más poderosos de la televisión, y aunque el costo personal ha sido caro, los retornos en cuanto al cariño de la gente y el éxito han sido gigantes.

Fuimos a ver qué onda el programa nocturno de la Vivi. A cachar si en serio la gente baila como se ve por la tele, si de verdad la chiquilla es tan chistosa como lo demuestra a través de la pantalla chica y, por sobre todo, a verificar en terreno si es cierto o no que el Hotuiti es tan, pero tan rico.

Para eso partimos al 13 a eso de las 20 horas. Estaba lleeeeno de señoras medio gorditas que habían llegado en patota a carretear con su ídola. La cola era laaarga. Algunas vivían en el barrio que rodea a los canales. Varias se conocían, de tanto verse cada vez que había programa. Conversaban de los hijos y los maridos. También había parejas. Con el reportero gráfico nos entretuvimos escuchando las chácharas, mientras esperábamos que nos abrieran la puerta.

La Vivi tiene su centro de operaciones en el estudio tres. El público entra por el lado de la bodega y cuando vamos caminando hacia el set, vemos en una orilla sendas escenografías de otros programas: Las tómbolas de concursos, fondos de antiguos noticiarios, de pomadas que ya no existen. Además -lo que vuelve locas a varias- un par de actores de la teleserie "Hippie" pasan como si nada. Van a camarines a cambiarse. Algunas quieren ir a pedirles un autógrafo, los guardias no las dejan.

Llegamos y se empiezan a llenar los asientos. La gente se apelotona, se hace taco. Pasa un rato y los productores empiezan a organizar el cuento. Obviamente no todos quedan contentos con la ubicación...

Salen los camarógrafos, y de a poco el set se empieza a llenar. Un animador aparece y hace bailar al público: "Todos para arriba, todos para abajo", las señoras se ríen porque hace tiempo que no movían la colita, mientras se ríen coquetas con los caballeros que también asistieron. De pronto todo es pura risa... Cupido haría un festín con este público.

Entre medio se empiezan a notar los loletes, que estaban pasando piola. Hay harta chiquilla coqueta y no quitan los ojos del set. Le preguntamos qué miran tanto: "¡Que venga el Hotu!", dice una lola y su amiga se ríe nerviosa. Un joven, coquetea con una cabra, incluso le manda una nota pidiéndole el teléfono. Ella duda, justo cuando se decide piden silencio...

Comienza la función

El entretenedor del público explica que de la escalera para acá están los "Plinky-Plinky" y los "Tinky-Winky" o algo así... Es que la Vivi inventa esos nombres, como cuando dice que está "oli-oli" y vaya uno a saber qué es lo que intenta decir. Pero es que, según ella, la falta de tiroides la afecta aún en cosas pequeñas, como detalles de motricidad o palabras que confunde.

La gente se va entusiasmando con eso de competir y, más encima, la música. La banda Boogie le pone el merequetengue en vivo y la cuestión toma color de fiesta, y además la Vivi es muy entretenida, como el alma del cuento y esto con o sin cámara.

Los asientos son bien cómodos, como de cuero y acolchaditos. Se agradece harto porque igual la espera es larga.

Último copucheo. El joven insiste con el número, la chiquilla no dice nada. Otra nota, ahora ella le pide un lápiz porque no tiene y... aparece él, el rey, Hotuiti, acompañado de su compipa Rodrigo Valencia, el rucio que conquistó a la Mey Santamaría. Nuestro crédito pasó a pérdida de una. El pascuense pone una pata en el escenario y empieza el griterío. El chiquillo sonríe humilde y una se lo imagina corriendo con un taparrabos por la isla, rodeado de moais, bronceado y pícaro... y, lo mejor, una detrás de él.

"Luz, cámara, acción"

"¡Aplauso!", grita Alfredo García, el productor general del espacio. A los lados, corren como locas ordenando a los periodistas las productoras. Al reportero gráfico de La Cuarta lo ponen en primer fila, para que capte buenas tomas. Se encuentra con otros colegas y chacharean de lo más bien. Mientras tanto, empiezan a hacer las pruebas de aplauso. Y una se gasta las manos batiendo palmas.

Aparece en escena el ballet. Las dos bailarinas y sus acompañantes son conocidas del público y la gente las saluda. Se sitúan en medio del escenario y en eso entra la Vivi, radiante y feliz. Se ve lindísima, peinada, maquillada, y ¡qué importa si tiene una figura más gruesa que las cabras que salen en otros canales!.

Empieza a echar la talla con el público, saluda y ella misma se palanquea. Se mata de risa diciendo que cada vez hace más locuras y que sus hijos se mueren de plancha, pero qué mas da, si sobrevivió a la fama de su papá, sus hijos de más que también pueden.

Se para y explica que primero va a hacer una prueba, luego va a grabar la obertura del programa y veinte minutos después, el programa parte, con invitados y todo.

Comienza la música y ahí está la Vivi, gozando como cabra chica haciendo las gracias del colegio.

Fiesta de disfraces

Desde hace un tiempo Vivi Kreutzberger se reinventó. El año pasado probó en "Gigantes con Vivi" y los resultados estuvieron bien, no fue suficiente para asentar el espacio. Sin embargo, ahí fue donde dio los primeros pasos. Partió haciendo una edición especial de la "Guerra de las Galaxias", donde Don Francisco participaba y le decía: "Yo soy tu padre", al estilo Darth Vader. Le gustó tanto que de ahí no paró.

Este año, se fue al chancho con su "Gigantes Noche". La chiquilla optó de una por irse al porcino con la comedia y llegó a anunciar que su rol era animar y tirar para arriba a la gente. Por eso, le perdió totalmente el miedo al ridículo y se disfrazó de todo. Cada vez más osada.

En el equipo que trabaja con ella hay harta confianza, y también buena onda. Incluso, pelan el cable con tutti inventando cosas para realizar en los capítulos siguientes.

Los disfraces han sido la tónica. Vivi se sacó los pudores y se puso un bikini amarillo y una peluca para imitar a Bo Derek, o simuló ser Jennifer Beals en "Flashdance". Se engalanó con un corset rojo para bailar a lo "Moulin Rouge". La semana pasada fue la guinda de la torta, porque se "desvistió" para lucir plumas de vedette. Pero ¡ojo!, era una malla color piel.

Incluso, Hotuiti, uno de sus más grandes cómplices, accedió a empelotarse para seguirle la corriente y junto a Rodrigo Valencia imitaron a "Doña Flor y sus dos maridos". Su foto fue histórica, por primera vez un hombre ocupó la porción izquierda de la portada de La Cuarta, lugar reservado sólo para las chicas pop de este diario.

Auróloga

Después de la presentación, vienen las competencias y siempre es gracioso ver a los famosos pasando planchas porque no se saben la letras de la canción, se caen corriendo, o como la "Porotito Verde", se les sale una pechuga en medio de un baile.

Más tarde viene la conversa. Sin que los invitados tengan mucho poder de reacción, Vivi les hace preguntas al hueso. Les consulta por las opiniones que vertieron hace tiempo y los lleva por el camino que ella quiere.

Pero en los últimos capítulos la sorpresa la dio la "Auróloga". Lorena se sienta en medio de los invitados y llama a uno a conversar con ella. Les toma las manos, los mira de frente y se concentra. La mujer jura que les ve el aura y en ocasiones ha sorprendido a muchos con sus declaraciones. Aunque también hay otros que aseguran que la misma historia que la auróloga les develó, ellos la contaron dos días antes a la periodista del programa que los entrevistó. En fin, la percepción del aura es un segmento que está agarrando vuelo, especialmente después de que Titi Ahubert confesara que ve a los muertos.

Comerciales

Cuando hay comerciales, la idea es que el público no se mueva mucho, porque los baños no están tan cerca y, lo peor, es volver al aire cuando la gente no ha llenado todos los asientos. Nuestro galán insiste con su enamorada, ella ya no lo pesca.

En eso, se acerca el Hotu y todas las mujeres gritan. Se abalanzan a pedirle autógrafos y besos. El pascuense acepta sin rollos. Creo que igual le gusta que lo miren y lo encuentren rico. Firma para las cabras chicas gritonas y para las más abuelitas. En la otra barra, Rodrigo hace lo mismo, pero sabe que el morenazo es el que la lleva y no se complica.

En eso, avisan que quedan 30 segundos de comerciales y un guardia simpático, que se muere por salir en la tele, y no es ni tan feo, también aprovecha de firmar autógrafos, mientras las chiquillas se mueren de risa y le piden besos. Lejos lo que más hay en "Gigantes Noche" es simpatía.

Vuelven de comerciales y faltan personas. Un productor nos indica que tenemos que pararnos y aplaudir con coreografía. Me hago la lesa, me da plancha, pero de repente cacho que todo el público me está mirando por rebelde y eso da más plancha, así que me paro y sigo la coreografía. El reportero gráfico me ve y se ríe, pero no me importa porque igual lo estoy pasando bien, como todos. Sólo hay un frustado, el pobre que fue flechado por Cupido, se jugó sus cartas y Hotuiti siempre tenía escala real.


 
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