11 de Junio de 2004
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Arrancaron con diente largo desde circo: Uno descabezó mona y otro se metió a minimarket
Leones hambrientos salieron a pedir pan
Manuel Vega O

Jennifer Rojas relató la versión del circo, que califica el incidente como sabotaje.

(Foto: Hernán Cortés G)

Con la pálida quedó María Manzano, que sufrió la incursión de uno de los felinos.

(Foto: Hernán Cortés G)

Un episodio digno del “Animal Planet” vivieron la noche del miércoles los vecinos de La Pintana, cuando dos leones africanos, “Yango” y “Ringo”, padre e hijo, escaparon desde el Gran Circo Royal-Dumbar y, rugiendo de desnutrición, se lanzaron a la selva de asfalto de la población Pablo de Rokha en busca de víveres.

Pasado el pánico que provocaron entre la muchachada estas bestezuelas de Dios, surgieron versiones encontradas sobre el incidente felino.

Jennifer Rojas, quien actuó como vocera del administrador Eduardo Recabal, aseguró que fueron víctimas de un sabotaje. “Los que abrieron la jaula de ‘Ringo’, un cachorro de siete meses, fueron los mismos que pusieron la bomba en el banco, porque están empecinados en desprestigiar a los circos que tienen animales. Son ecologistas profundos”, dijo la mujer.

Los vecinos, en tanto, denunciaron que los animales que sembraron el terror entre las 19.30 y las 21 horas fueron dos y que cuando se produjo la fuga, los empleados del circo -como buenos malabaristas y equilibristas- estaban arriba de la pelota. “No sólo andaba suelto el león, sino que también el dragón”, dijo uno de los testigos.

Los pobladores dicen que apenas el “Yango” se vio libre, descabezó de un zarpazo a “Zulma”, la mona organillera que sacaba la suerte, y se la comió a lo bestia y sin aliñar en plena calle.

Enseguida la fiera fue a buscar algo más suculento, un misionero blanco o un negrito zulú, pero rápidamente fue reducida por los polis y devuelta a su jaula.

Mientras tanto, “Ringo” se metió a un minimarket y amasandería ubicado en calle John Kennedy 12664, propiedad de María Isabel Manzano y su yerno, Richard de la Vega. En el boliche también funciona una sala de videos.

“Me quedé ‘pajarolizada’ de miedo mientras el león se comía los huevos, salames, pañales, empanadas, marraquetas y detergentes.

Lo que no devoró lo hizo pebre con las garras, como la máquina heladera. Cuando por fin fue reducido por el domador y la niña de la cuerda floja (Juan Rodríguez y Angela González), había terminado por zamparse seis colizas, y debido al efecto, ya había comenzado a arrastrar la patita”, relató María Manzano.

El circo, perteneciente a la familia Gonzalez-Rosas-Maluenda, se instaló el jueves en un peladero ubicado entre Tongoy y Los Vilos, a un costado de la calle Pedro Prado.

“Sólo le pidieron permiso a la junta de vecinos y eso no vale. Es un caso típico de espectáculo circense que funciona a la mala. No tienen al día los papeles del SAG ni seguros de daños contra terceros. Funcionan hasta que los pillamos y citamos al tribunal, pero mientras se les cumple el plazo, siguen trabajando con la papeleta de la citación.

Después, bajan la carpa y se van a otro sitio. No le vamos a dar permiso mientras no cumplan todos los requisitos”, dijo Jorge Martínez, jefe del Departamento de Normalización e Inspección de la muni de La Pintana.

“Las mujeres se asustaron más por el daño provocado por el leoncio chico, que por la amenaza que significaba el grande.

Es que éste nunca ha sido problema y saca aplausos del respetable público cada vez que sale a la pista”, dijo el Señor Corales.


 
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