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| 06 de Junio de 2004 | |||
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Juran que lo único que hacía era ponerle el hombro para alimentar la familia Vecinos de "viuda negra" quedaron plop al saber que mató a su marido Manuel Torres
El barrio estaba ayer conmocionado con la mansa noticia y el "conventilleo" se alimentaba de todo tipo de versiones sobre los motivos que tuvo la nueva versión de la "viuda negra" criolla para terminar con la existencia de su cariño malo. La casa de León Prado 641, casi esquina Esmeralda, estaba ayer deshabitada. Según algunos parroquianos, toda la parentela -la madre de la mujer, sus dos hermanos e hijos- había salido tempranito a los tribunales y después se pasarían al Centro de Orientación Femenina, en San Miguel, a visitar a la caída en desgracia. Solo unos remolones gatos custodiaban el hogar, mientras tomaban el sol desde una de las ventanas del primer piso. Carlos Morales, un vecino que vive por Esmeralda al llegar a León Prado, y su mujer, Teresa, dijeron al diario pop que conocen a la viuda hace 20 años, ya que se criaron desde cabros chicos en el sector. Por lo mismo, ambos se consideran muy amigos de Lucía. Mientras Morales le metía mano al motor de su cacharrito estacionado sobre la vereda, nos dijo que todavía estaba sorprendido de la noticia y que para pronunciarse en detalle sobre la acusación quería, primero, conversar con la familia de la acusada. De todas formas, adelantó el cesante mecánico de aviones que su amiga es una buena persona, tranquila y que se dedica a criar a sus hijas. Teresa, su señora, añadió que nunca Migeot le contó que su difunto marido, José Venegas, le pegaba a ella o a su hija cuando se ponía odiosito con el copete. Jamás se le cruzó por la cabeza que ella podría cometer un crimen de esta naturaleza para terminar con el martirio. Como muestra de la total confianza que existía con la "viuda negra" contó que durante varios meses le prestaron su carrito sopaipillero para que se ganara la vida. Desde las 6 y hasta las 10 de la mañana, la mujer se instalaba a pocas cuadras de su hogar a comercializar las masas fritangueadas. El vehículo aceitero ahora está en desuso fuera de la casa de sus propietarios. Otros vecinos del barrio, que prefirieron el anonimato, aseguraron que el difunto había sido en vida un curagüilla odioso y que por eso no lo pescaban ni en bajada.
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