06 de Junio de 2004
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Compañeros le gritan "fleto" y le hacen señal de la Cruz cuando pasa: Familia acusa discriminación
Le hacen vida imposible a lolito de 13 años que quiere ser cura
Abel Fuchslocher

Freddy Ramírez muestra una convicción casi profética al hablar de su vocación y de su amor al Tatita Dios: "Amo al Señor y eso es indestructible. Mi fe es tan grande que nada me hará cambiar".

(Foto: Patricio Lepín)

Un martirio -según él, sólo comparable a la Pasión del Señor- vive a diario el lolo Freddy Ramírez Ruiz, de 13 años. En Cañete, Octava Región, sus compañeros de curso e incluso sus profesores se burlan y lo discriminan pesado sólo porque quiere ser cura cuando grande. Un pecado en la sala de clases, donde lo mínimo que le dicen sus compañeros es "fleto".

El escenario de los crueles ataques es el Liceo Gabriela Mistral de la ciudad sureña y los actores son la mayoría de los alumnos del 8º Neruda, algunos profes y varios inspectores, quienes hacen la señal de la Cruz cuando va pasando.

La historia llegó a Santiago, hasta donde la madre del pequeño, Ada, viajó infructuosamente a buscar una solución al drama familiar.

Cuando Freddy estaba recién llegado al colegio, en 2002, sus compañeros se juntaron en un recreo e idearon un plan: Harían una rifa y venderían los números a todo el pueblo, pero se irían p'al monte con la plata.

El "nuevito", quien se caracteriza por ser muy religioso, correcto y un pan de Dios, les dijo que no, que no podían hacer eso porque no estaba bien. Y desbarató la trampa. Ahí fue cuando se echó a todo su curso encima.

El año pasado, Freddy, hijo de catequista y acolito en los últimos cinco años en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cañete, se sintió iluminado y en un momento sublime tomó la decisión de que sería sacerdote.

Se desata la guerrilla

Nadie sabe cómo, pero algo que sólo había contado al Pulento, a su familia y al párroco del pueblo, se supo en el colegio. En ese momento comenzó el bombardeo: "Un día, cuando ya había decidido mi vocación, parece que en el colegio supieron y se preocuparon. La directora, Regina Torres, se acercó a mí y me preguntó; cuando le dije que sí, se puso a reír y me dijo '¿y tú vas a ser cura?', burlándose", recordó el abrumado menor.

Los ataques los tiene frescos en la memoria. Le dicen "fleto", "maricón", "chancho" -por su contextura-, "curagüilla" -por juego de palabras-, "tonto", "fenómeno" y un sinfín de motes.

Y, según consta en certificados médicos, también le han hecho el callejón oscuro y lo han agarrado a patadas y combos, dejándolo con lesiones en pómulo, boca y dedos. Como si fuera poco le rajaron su mochila y le rompieron una maqueta que le costó caleta dejar impeque.

El Niño de los Cielos

Sin embargo, como San Sebastián, haciéndole frente a las flechas, Freddy Ramírez asegura que los golpes y las mofas no disminuyen ni así un poquito su decisión de ser sacerdote, ni mucho menos su inmenso amor a Dios.

Con postura de "viejo chico", declaró a La Cuarta que "nunca he dudado ser sacerdote, porque amo a Dios y eso es tan fuerte que no se acaba con nada, es indestructible. Tengan por seguro que mi fe es tan grande que nada me hará cambiar".

Su madre lo mira con orgullo y ternura, pero sin dejar de apenarse por todo lo que le está pasando a su retoño. Lo que más le angustia es que todo esto le esté pasando "sólo por ser diferente, por ser un niño bueno que respeta a sus mayores, que se acuesta temprano y no anda pensando en pololear".

Doña Ada agrega que se siente preocupada. "Mientras él está en el colegio no vivo tranquila, vivo pensando '¿lo habrán botado por la escala?, ¿le habrán hecho algo?... Sólo me relajo cuando lo veo llegar. Es una discriminación terrible".

En su desesperación por la no respuesta del establecimiento, la mujer golpeó primero las puertas de la Corporación de Educación en Lebu. Como no la pescaron mucho, se fue a la Secretaría Ministerial en Concepción. Como también le fue mal, porque le respondieron que en el liceo estaba todo bien, agarró sus cosas y viajó a Santiago con su hijo para llegar hasta el mismísimo Ministerio de Educación.

Pero tampoco le dieron boleto. La recibió una asesora del ministro Sergio Bitar y le dijo que todo debía resolverlo en Conce. Ahí quedó cruzada de brazos, donde mismo: "Lo único que creo que solucionaría esto es que el ministro Bitar sepa lo que pasa en Cañete. Es un pueblo chico y creo que la autoridad no sabe lo que pasa. La gente con un poco de poder hace lo que quiere y quienes reclaman, como yo, son calificadas de problemáticas".


 
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