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| 04 de Junio de 2004 | |||
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Aseguran que hacerlo después de un patache es como tocar el cielo Cubanos darán cátedra sobre el placer de fumar un habano Jaime Salas T
A diferencia del fumador de puchos, el de habano es reposado. "De hecho, lo degusta y disfruta más, con tranquilidad, sin nerviosismo", añade Alcalá. En su opinión, para hablar sobre esta singular materia, es bueno aclarar las cosas: Habano y puro no son lo mismo. El primero la lleva, simplemente, porque se fabrica únicamente en la tierra de Fidel, donde se da una conjunción de suelos, clima y experiencia que acumula más de 500 años de historia. El segundo puede fabricarse en cualquier parte donde haya buena hoja de tabaco. Cuenta la leyenda que Cristóbal Colón fue el primero en rochar, el 27 de octubre de 1492, como un grupo de aborígenes de aquella isla antillana -hoy llamada Cuba- tenían en sus labios unos tubos de hojas. Estas resultaron ser de una planta que los científicos de la época bautizaron como Nicotiana Tabacum o tabaco y, de ello, dejó constancia escrita fray Bartolomé de las Casas. Dicha plantita, que, además, tiene propiedades medicinales -se la utiliza como purgante y antiparasitario-, fue muy utilizada posteriormente con fines placenteros por el pirata Francis Drake y el corsario John Howkins. Ambos convencieron al resto de sus colegas que era más taquillero cometer los asaltos y tropelías con un puro entre los labios que sin él. Con el tiempo, a la lista de fumadores de habano se sumaron otros conspicuos personajes como Federico el Grande, de Rusia; Benito Juarez; Abraham Lincoln; Napoleón Bonaparte; Sigmund Freud; Orson Welles; Winston Churchill y el mítico Che Guevara. Muchas mujeres no se quedan atrás en esto de llevarse un purito a los labios y saborearlo con placer. La que la lleva en esa casi lujuriosa costumbre es la españolísima Sarita Montiel. En la actualidad, la confección de este preciado producto, sinónimo de la buena vida, es confeccionado de manera individual por un torcedor o un grupo de ellos en las grandes fábricas urbanas de La Habana. En ellas ha sobrevivido con el tiempo un singular personaje llamado Cuenta Cuentos, cuya misión es informar del último cahuín a los torcedores, por cuanto, estos deben trabajar cabeza gacha y sin mirar pa'l lado.
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