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| 04 de Junio de 2004 | |||
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Punga le quitó revólver a uno y abrió fuego, pero igual recibió su buena dosis de plomo Pareja de carabitates se salvó de morir acribillada sólo por Cuevas Manuel Vega O
El incidente ocurrió cerca de las 10.00 horas, cuando hasta el domicilio de Marco Arredondo Riquelme, ubicado en el sector de Lircay, comuna de Lampa, llegaron con un papiro del Juzgado de Letras de Los Andes los cabos Pablo Cuevas Figueroa y Miguel Arias Contreras. Arredondo es choro enfermo de marea roja y sumamente picota, tanto que está sometido a proceso por el delito de "amenazas". Con el papelógrafo en las manos, los polis llegaron hasta su castillo y, tras cruzar el puente levadizo, llamaron a la puerta y se identificaron como corresponde. "¡Oid, oid, oid, ciudadano Arredondo!", gritó uno de ellos hacia el interior de la covacha. "¡Enteraos, colono, contribuyente de la Madre Patria, que sois requerido por la justicia de la Capitanía General del Reyno de Chile. Os aconsejamos deponer toda resistencia y recordad los desastres de Chacabuco y Rancagua. Entregaos chanchito para que podamos conduciros, sin lesiones físicas ni griterío cuático, hasta el calabozo más cercano!", subrayó. "Os garantizamos agua potable española para beber, marraqueta hispana para comer, luz eléctrica española para leer de noche, celda con alcantarillado barcelonés para aliviaros dignamente y una manta de Castilla, comprada en el Corte Inglés, para dormir!", añadió. Vanos fueron los esfuerzos y las promesas de los carabineros, ya que el malandra, al escuchar el pregón, agarró el primer cuchillo que encontró a mano y salió disparado por el patio, en un claro intento de tratar de cruzar la Cordillera de los Andes y huir hacia Mendoza. Cuando los polis salieron tras el delincuente, éste agarró un tremendo camotazo, mezcla de ferroprusiato de cobre, óxido de niquelbonita y tierra petrificada, y se lo lanzó a Arias, quien, semiaturdido por el chancacazo, no pudo evitar que el delincuente le quitara su arcabuz y disparara sobre él y su compañero. Antes que el cabo primero Pablo Cuevas Figueroa lo dejara pataleando con dos tiros en las canillas, Marco Arredondo le metió un balazo en el popín y otro en el brazo derecho al cabo segundo Miguel Arias. El propio Cuevas recibió dos proyectiles, uno en cada muslo, durante el contraataque. Es decir, ambos polis salvaron por Cuevas de ir a reunirse con el Gran Arquitecto del Universo. El general director de Carabineros, Alberto Cienfuegos, quien visitó a los heridos en el hospital institucional, dijo que los funcionarios no se echaron inmediatamente y sin asco al maleante porque fueron atacados sólo con un piedra y un cuchillo y, reglamentariamente, no había proporcionalidad entre las armas utilizadas por el agresor y las que portaban los agredidos.
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