Con desesperación, impotencia y las lágrimas corriéndole como un torrente por sus mejillas, un tatita de 84 años vio cómo la compañera de toda su vida moría en el consultorio primario "Víctor Manuel Fernández" de Concepción, hasta donde había llegado por una descompensación en la presión arterial.
Gumercinda Cárcamo González, de 80 años, y Samuel Ojeda, de 84 se presentaron en la ventanilla y pidieron hora. Esperaban el llamado del médico, cuando de pronto ella sufrió un alza de presión. De inmediato se produjo la solidaridad de los otros enfermitos, quienes les ofrecieron el lugar para que la atendieran primero. Según contaron, se informó del hecho a los funcionarias presentes, las que dijeron que debía respetarse el orden de llegada.
Cuando le correspondía ingresar, doña Gumercinda ya había muerto producto de un paro cardiorrespiratorio.
El dire del consultorio, doctor Ralf Eduard Müller, contó su película. Aseguró que no hubo negligencia en la atención. Que la pareja de abuelitos llegó a solicitar atención a las 8.20 horas y a las 8.35 ya tenían a todo el personal en la emergencia. Que el médico Fernando Fontaine, quien le dió reanimación, llegó a las 8.45 horas, pero a esa hora "ya no había nada que hacer". Luego se mandó una frase para el bronce. "Una persona mayor, en algún momento, tiene que fallecer".