29 de Abril de 2004
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Cuarteto agrandado vacunó en 850 milloncejos a casas comerciales
Estafadores no tenían ni patio, pero se compraron hasta un carro de golf
Carlos Godoy S

Los detenidos fueron entregados al 32º Juzgado del Crimen de la capital, por infringir la ley de bancos y cometer estafas reiteradas, entre otros delitos.

(Foto: Hernán Cortés G)

Estafas al chancho por 850 millones de pesos cometieron cuatro integrantes de una banda, cuya cabecilla resultó ser nada menos que una avispada mujer de 31 años, quien clavó con cheques sin fondos a varios empresarios cototudos, algunos de los cuales sencillamente se fueron a la quiebra.

La caperuza Cecilia Barrios se encargó de reclutar a Milovan B.F., de 49 años, con la intención de que abriera cuentas corrientes en los bancos Santander-Santiago y Bice. Pese a que el hombre tenía excelentes antecedentes comerciales, igual no más fue obligado a presentar documentos falsos para obtener las chequeras.

Una vez que abrieron las cuentas corrientes, fueron Juan Pizarro (43) -ingeniero mecánico, fichado por estafas en 1994 y 1997- y Juan Vergara (50) -prontuariado por giro doloso- los que se encargaron de comprar lo que se les ocurriera.

Para no despertar sospechas y ganarse la confianza de los empresarios, los estafadores comenzaron cancelando las especies con cheques al día, pero después se fueron en la volada y tiraron chocosos a 30, 60 y 90 días.

Así fue como la banda adquirió cuatro automóviles Peugeot 2004, una tracalada de motos, varias camionadas de harina, casi un kilómetro de finas telas, cuchillería de plata, enceradoras, aspiradores, una grúa y hasta un carrito eléctrico de golf, entre otras cosiacas. Y eso que no tenían ni patio en su casa...

Todas las especies las tenían almacenadas en una bodega que arrendaron en calle Tercera Transversal Nº 5501, comuna de San Miguel. La mujer se presentó ante los dueños del recinto como Milenka y les aseguró que su intención era construir en el lugar una discoteca, lo cual intentó justificar con la compra de algunas baldosas, sacos de arena, cemento y juegos de luces.

Sin embargo, los arrendadores no se tragaron el cuento, porque nunca vieron ingresar a la bodega materiales propios de una discoteca, sino que ladrillos, joyas de oro blanco, impresoras, parrillas eléctricas, una máquina para hacer café y otras cuestiones. Los dueños del sitio también sonaron pistola, porque los cheques que recibieron por el arriendo de los galpones todavía están dando bote.

Los cachivaches los ofrecían por internet y avisos económicos de diarios y los contactos los hacían en la misma bodega, donde recibían el pago y entregaban de inmediato las especies, que eran ofrecidas a precio de huevo. Usaban como chapa los nombres de falsas empresas, supuestamente dedicadas al rubro de la construcción y la propia Cecilia Barrios se encargaba de recibir a los clientes, en una oficina que construyeron en el galpón.

La banda de estafadores era seguida por la policía civil desde noviembre del año pasado, a raíz de la denuncia de los dueños de una conocida automotora que cacharon que les habían pagado con cheques sin fondo. Entre las víctimas también se encuentran los dueños de la inmobiliaria Santa Gloria, las automotoras Bruno Fritsch, Summit y Pérsico, los bancos Santander-Santiago, Motorrad y varias empresas textiles, de cerámicas, vinos y corchos.

Tras casi cinco meses de pesquisas, detectives de la Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de La Florida dieron con los pillines, quienes confesaron haber hecho compras por 850 millones de pesos. El golpe de los sabuesos se realizó justo a tiempo, porque los estafadores planeaban echarse el pollo la próxima semana y dejar tiradas las cosas que no alcanzaron a reducir. Los detectives lograron incautar finísimas botellas de vino, automóviles del año, motos, equipos de aire acondicionado y hasta un carrito de golf, todo avaluado en 150 millones de pesos.

Los detenidos ayer fueron entregados al 32º Juzgado del Crimen de la capital, por los delitos de estafas reiteradas, falsificación de instrumento privado e infracción a la ley de bancos.


 
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