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| 30 de Marzo de 2004 | |||
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Llegaron con una tortilla de Viagra a matearse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile Abuelos "mechones" la revolvieron disfrazados de hippies y pincheiras Loreto Gatica
Disfrazados de Hippies y Pincheiras, los "Happy Poncheiras" -como se bautizaron los nonos- dieron inicio ayer al año académico con un asalto a mano armada a la facultad. Usando ruidosas pistolas y su último examen de orina a modo de armas, los viejurris recorrieron el plantel a ritmo de tango, poesía y chistes, y ante la expectación de todo el alumnado elevaron pancartas que instaban a cambiar la yerba por el Viagra. "No somos desechables, sino retornables", fue la consigna de Juanita Pérez, quien a sus 66 años dice ser la más anciana de la clase. "Tengo profes que podrían ser mis hijos y eso me encanta. Me fascina sentirme vigente y saber que puedo seguir haciendo cosas. Hace 45 años estudié para ser asistente dental, pero nunca ejercí la profesión, me dediqué al voluntariado. Jubilé y no sabía qué hacer, y entonces mi nieta de 8 me dijo: 'Oye, abuelita, ¿por qué yo tengo que estudiar y tú no haces nada?'. Y yo no supe que responderle. Tenía que hacer algo y descubrí que la universidad tiene este hermoso curso... Y aquí estoy". Tener 50 años como mínimo, un certificado de enseñanza media o equivalente, dos fotos de carné con nombre y RUT y una fotocopia de la Cédula de Identidad por ambos lados, son lo único que se necesita para entrar a la "U". Las matrículas están abiertas todo el año y sólo hay que tener ganas de superarse, de ayudar a la sociedad y 50 lucas mensuales para pagar el arancel. Según Gladys Salazar, el curso las vale. "Mi jubilación es muy baja, pero mi viejo me pasa la plata. Me va a dejar todos los días al Metro y así cuando vuelvo a darle el almuerzo yo tengo cosas que contarle. El horario es súper cómodo (dos días a la semana de 9 a 12 y uno de 2 a 5) y me metí porque quiero mantenerme vigente, ser una vieja simpática y no una vieja de mierda". Entre pelucas, ponchos y minis apretadas, Manuel Suárez era uno de los pocos ejemplares del género masculino presente en el curso. "Tengo 62 años y ejercí como contador durante 40. Ahora tengo ganas de dedicarme a cuidar a mi gente y a mí mismo. En la Uni puedo cultivar mi mente y la cuerada, porque también tengo clases de gimnasia. Mi esposa me deja venir sin problemas; sabe que aquí hay muchas mujeres, pero que para mí ella es la única, la mejor". Tras un año de estudios, los teclitos se diplomarán en Gerontología Social y estarán listos para ayudar a la comunidad.
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