Todas las mañanas las fieles auditoras de "La mañana de Pablo Aguilera" encuentran una oreja solidaria para desahogar sus dramas. Tan bien está la cosa que la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), lo destacó como la "Figura Radial del año", lo que lo tiene saltando en una patita de contento. Entre la alegría y las carreras por la radio, para supervisar todo el tejemaneje de la emisora, conversó con el
diario pop
-¿Qué te pareció el premio de tus colegas?
- Estoy muy contento, porque según lo que me dijeron los de la Archi más que a la trayectoria, éste fue un reconocimiento a la persona. Es por el trabajo que hago, la cercanía con la gente, la comunicación que se ha logrado, que es algo rico. Además es porque es entregado por el gremio de los radiodifusores, entonces es como ser reconocido por tus propios pares.
- Igual llevas hartos años haciéndolas de locutín...
- Mi trayectoria parte en Concepción hace ya muchos años... Estaba estudiando Leyes y cuando ya me doy cuenta que la radio me gusta, me cambio a Periodismo, lo que terminé de estudiar acá en Santiago.
-¿Y en la tele? Hace rato que no se te ve por las pantallas.
- En la tele estuve hartos años, leyendo noticias en el canal de la Chile, que ahora es Chilevisión, en TVN también estuve. Pero cuando me hice cargo de la dirección de la Pudahuel, dejé la tele por tiempo. Además de que la radio es mucho más fiel que la televisión. En la tele hay muchas vanidades y cosas de ese tipo en juego. En la radio es más fácil permanecer, es más de uno.
- Además que tienes un grupo de auditores bastante fieles...
- Yo fui el primero que abrí las puertas para que los auditores pudieran expresarse, esa es un poco la respuesta al éxito del los 19 años del programa. En el fondo la pauta la hacen ellos y yo voy moviendo un poco los hilos. En cierta forma somos una válvula de escape para la gente que te llega con todo tipo de historias. Uno a veces piensa que lo ha escuchado todo y siempre hay alguien que te sale con algo distinto.
- Cuéntate una...
- Hay una que no la he contado que fue de una chiquilla y un cabro que se conocen en Pucón y se reencuentran en la universidad, en Temuco. El asunto es que se van a vivir juntos para compartir gastos y terminan enamorados. Al final él va a conocer al papá de la niña y se da cuenta de que tenían el padre en común, o sea, eran medio hermanos.
- Uffffffff... ¿Y en que terminó la cosa?
- Fue una tragedia griega, con tendencias suicidas y todo. Afortunadamente no había hijos de por medio. Pero el caso salió por la radio y ellos habrán tenido que solucionarlo de alguna manera.
-¿Cómo te queda eso del "regalón de las abuelitas"?
- Soy como el 'amigo de las mujeres chilenas', por lo menos así me definen. Después de todos estos años sería ridículo sentirme como el galán. Pero hemos logrado traspasar generaciones. A mí me han parado en la calle chicas de unos 25 años, que me dicen "Oiga Pablito, cuando yo era chica mi mamá lo escuchaba y yo lo odiaba, porque no podía escuchar mi música, pero ahora lo escucho todos los días". Logramos atravesar barreras por una cosa muy simple: Los sentimientos no tienen edad.