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| 24 de Marzo de 2004 | |||
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Pareja de Carabineros arrojó cuatro milloncejos a la cara a contrabandistas Polis rechazaron millonaria "coimisión" Manuel Vega O La pareja que rechazó el soborno no sólo se hizo merecedora de las felicitaciones del Alto Mando por su honestidad, sino que verá reflejado su tino profesional y su desapego por el billete envilecido por el incumplimiento del deber y el hacer la vista gorda, con cuatro puntos buenos en su hoja de vida, según verseó a La Cuarta un vocero de comunicaciones de la policía verde. El pasado jueves una pareja de motoristas de la 50ª Comisaría de San Joaquín inscribió su nombre en el Paseo de la Fama, cuando el delincuente con ficha de narcotraficante Sergio González, tras ser sorprendido conduciendo sin licencia un automóvil trucho y con seis millones de pesos en una bolsa de papas fritas -cuyo origen no pudo probar-, les ofreció un millón de pesos al dúo dinámico por mirar hacia la pared y contar hasta cien mientras él se echaba el pollo. Y aquí no ha pasado nada. El cabo segundo Nelson Aguilera y su compadre, el manga lisa Sergio Alfaro, resistieron la tentación y comenzaron a arrear al sospechoso vacuno hasta el cuartel. Cuando Aguilera vio que la diligencia iba en serio, dobló la oferta pero aún así los polis resistieron. "Preferimos ser polis pobres, pero honrados, antes que convertirnos en cachacos deshonestos y vendidos", se ufanó posteriormente la pareja, sacando pecho ante sus camaradas, a la hora del rancho. El nuevo caso, denunciado ayer, se generó cuando el cabo primero Germán Sritz Rojas y el carabinero Claudio Sequeido Cortés, de la Tenencia de Vista Alegre, fiscalizaron un camión en el sector de Américo Vespucio y Camino a Lonquén. Cuando procedían a efectuar la rutina, cacharon que los ocupantes de la máquina, Mario Pardo (24) y Manuel Tillerías (47), no tenían la guía de despacho ni el manifiesto de la carga. Ésta consistía en 2 mil 500 cartones de cigarrillos y dos cajas de finísimas carteras "Louis Vuittón", pero enfermas de falsificadas. Al verse perdidos, los truhanes, tunantes, malhechores o como quiera llamárselos, les ofrecieron a los fiscalizadores cuatro palos al chinchín para que anularan el procedimiento. Sin embargo, los policías, tras lanzar con altivo gesto de dignidad ofendida el turro de billetes al rostro de los desubicados maleantes, le recitaron a coro los Sonetos del Detenido y los dejaron en barbecho en uno de los calabozos de la unidad, a disposición del Quinto Juzgado del Crimen de Santiago. Así se hace.
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