De las garras de la muerte se salvó Marcelo Rodríguez, un chiquiturri de 13 calendarios a quien se le diagnosticó el fatal virus Hanta el lunes pasado.
El pitufín, un boy scout que venía llegando de vacacionar con su familia, fue llevado el viernes de la semana pasada al Hospital Padre Hurtado con un cuadro que fácilmente podía confundirse con gripe: Fiebre, decaimiento y dolor de cabeza por lo que en una primera instancia fue prácticamente imposible diagnosticar la enfermedad.
El asunto quedó claro recién el lunes, cuando con un nivel de defensas ya por el suelo y que delataba su estado crítico de salud, tuvo problemas para respirar y debió ser conectado a un pulmón artificial.
Con el alma en un hilo, Rosa Mora, la madre del cabrito lo acompañó día y noche. "No sé cómo explicarle el dolor que se siente. Todavía no sé dónde se contagió porque nos fuimos todos de campamento con mi familia y pasamos por varios lugares. Estuvimos en el Cajón del Maipo y la Laguna de Aculeo. Lo único que quiero es que se sane mi hijito".
Aunque su estado sigue caratulado como crítico, Marcelo está escapando de las garras de la muerte, aunque sigue conectado a una máquina de ventilación artificial.
"Si Dios quiere, dentro de 20 días me podría llevar a mi niño a la casa", dijo ayer su madre un poco más tranquila. Por si las moscas, ella y el resto de la familia están sometidos a exámenes para eliminar de su hogar todo posible rastro del fatal virus.