|
|
| 19 de Marzo de 2004 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Compañía Els Comediants llenó de color y poesía las callecitas de Santiago Vibrante homenaje callejero a Neruda Héctor Cossio L
Con el sello particular de sus metáforas láricas, los teatristas y bailarines iniciaron el carnaval con evocaciones a "Ardiente Paciencia" y, sobre una gigantesca máscara de plumas, montadas sobre un tractor, la figura del poeta dio la bienvenida a la concurrencia, que ya cerca de la una de la tarde reunía a más de mil personas en la Plaza de la Constitución. Desde Parral a Isla Negra, y Crepusculario (su primer libro) al discurso pronunciado en Suecia (1971) con motivo del máximo galardón literario, la carnavalesca comparsa narró sus alegría y pesares. Así, aparecieron sus días de niño en Temuco representado por alegorías infantiles junto a enormes retratos de sus padres y también su pasado clandestino a través de un carro enrojecido que recordaba uno de sus grandes discursos políticos donde denunció que en Chile no había palabra y que por dicha ausencia tuvo que cruzar la cordillera porque el Presidente de entonces (1948), Gabriel González Videla, proscribió al Partido Comunista, en el que militó orgulloso hasta sus últimos días. Con la misma intención que sus abiertas preguntas como ¿A quién puedo preguntar qué vine a hacer a este mundo? o ¿A dónde está el niño que fui, sigue adentro de mí o se fue?, las estaciones nerudianas fueron recibidas con alegría y asombro. Algunos de los sorprendidos transeúntes pensaron en voz alta que se trataba de una fiesta universitaria, en tanto otros más informados reconocieron de inmediato que la cabalgata tenía un solo nombre: "Neruda Adelante. 100 años de Viaje". Entre los notables escenarios móviles destacó una enorme esfera transparente en cuyo interior se mecía la imagen poética de un viajero con galeón español y todo. Aplausos por montones también recibió un globo aerostático que simulaba el mundo y del cual se hallaba colgando una musa, lista y dispuesta para caer en los brazos del poeta, a quien no se le escapaba ni una. Tal como la Oda a Valpo que dice "Amo a Valparaíso/ cuanto encierras, cuando irradias/ novia del océano, hasta más lejos de nimbo sordo", el carro que recordó el paso de Neruda por la Joya del Pacífico tuvo tantas sorpresas como tantos rincones y escaleras tiene el puerto. Entre poema y poema, una afinada banda de boliche porteño animó la fiesta con sus cuecas bravas y con alegres cumbias como la Piragua de Guillermo Cubillo. Con una distancia de unas cinco cuadras de comparsa, en poco menos de dos horas el homenaje al vate recorrió el centro de Santiago desde la puerta de Morandé 80 hasta el frontis del Museo de Bellas Artes. Como una fiesta sin horario, las velas no dejaron de arder, pues bien, como gritaban los artistas, los versos no se callan ni con toda la algarabía de este homenaje póstumo. "Hoy, alegría/ encontrada en la calle/ lejos de todo libro, acompáñame: Contigo quiero ir de casa en casa, quiero ir de pueblo en pueblo, de bandera en bandera" (Oda a la Alegría).
|
|