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| 12 de Marzo de 2004 | |||
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Testigos describen el dantesco escenario de la tragedia "Muchos quedaron pegados a las paredes de los vagones" Los socorristas cargaban en camillas a los muertos y heridos más graves. Los heridos, la mayoría con rostros sangrantes, se retorcían entre el dolor y el espanto pidiendo auxilio. Otros, sentados en el borde de las aceras lloraban desconsolados a la espera de ser atendidos. José Redondo, un jefe de Bomberos, dijo que vio por lo menos 70 cadáveres en una plataforma. "Parecía una plataforma de muerte", indicó y agregó que un cadáver tuvo que ser sacado desde el tejado de la estación. "Nunca vi algo parecido. La recuperación de los cadáveres fue muy difícil. No sabíamos qué recoger". Las ambulancias continuaron sacando heridos de las estaciones siete horas después de los atentados. "La gente quedó atontada tras la primera explosión", dijo el sobreviviente de 26 años Aníbal Altamirano, de Ecuador. "Había personas por todas partes en el suelo como un desastre de película. Había cadáveres pegados contra las paredes", agregó. "Muchos no sabían a dónde ir. Algunos incluso se adentraron por los túneles del tren sin pensar que podrían venir otros trenes", contó otro sobreviviente. La doctora Beatriz Martín, médica del Servicio de Emergencia de Madrid que asistió a las víctimas en la estación de El Pozo, dijo que "en muchos de los cadáveres podíamos escuchar las llamadas de los teléfonos celulares cuando los transportábamos ... El olor era nauseabundo... una mezcla de material quemado y restos humanos". Oscar Romero, conductor de una ambulancia, describió cómo estaban mezclados los cadáveres en el tren atacado en Atocha: "Había dos vagones destrozados con cadáveres bajo los restos. Para sacarlos hubo que utilizar una grúa. Había gente de todas las edades. Tuvimos que recoger pedacitos de personas y colocarlos en las camillas. Es lo peor que he visto en este trabajo". Con la voz quebrada, Ana María, pasajera del tren atacado en Atochas dijo: "Vi un bebé hecho pedazos", mientras un grupo de sobrevivientes caminaba expresando con frases de grueso calibre su ira contra los terroristas y contra Dios. "Había cadáveres por los vagones, las vías e incluso algunos de ellos carbonizados en los asientos", relató Antonio Villacañas, quien viajaba en uno de los trenes. "El tren iba repleto de trabajadores, estudiantes y niños que acudían al colegio. Cuando estallaron las bombas, el vagón se llenó en un momento de humo y chispas", contó Manuel Molla. "Salimos pisando trozos de carne, costillas, cuerpos mutilados y manos".
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