02 de Enero de 2004
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Tradicional festejo lo inició en 1979 la familia de un panteonero
Talquinos descorcharon champaña en cementerio junto a sus seres queridos

Más de tres mil personas llegaron hasta el Cementerio Municipal de Talca para celebrar junto a los seres queridos que ya partieron.

(Foto: Reuters)

TALCA.- Más de 3.000 personas llegaron la noche del 31 de diciembre hasta el Cementerio Municipal de Talca para esperar, junto a los seres queridos que ya partieron, la llegada del Año Nuevo.

Como es tradicional, se abrieron las puertas del camposanto por octavo año consecutivo, para recibir a los miles de visitantes que prefirieron despedir el año 2003 alejados de la algarabía propia de esta fecha.

Debido a que cada año aumenta el número de personas que adhieren a esta singular celebración, se dispuso esta vez un numeroso contingente de Carabineros para custodiar el recinto.

Mientras el resto de los chilenos esperaba que el reloj marcara las 12 de la noche en medio de alegres fiestas, fuegos artificiales y música bailable, cientos de familias se encontraban a esa misma hora reunidas en el único sentimiento de paz y recogimiento en torno a la tumba de sus difuntos.

Para ello la administración del camposanto dispuso, como cada año, la apertura del cementerio a las 23 horas y hasta las 2.30 de la madrugada.

Durante este tiempo se escucharon melodías de música clásica en todo el recinto, mientras que la suave luz de las velas iluminaban las tumbas especialmente adornadas para esta ocasión con bellos arreglos florales y candelabros.

Como en el resto del país, a las 12 de la noche la mayoría de los asistentes descorchó botellas de champañas y luego se abrazaron deseándose lo mejor para el año que recién comienza.

El panteonero Opazo

Pero en el Cementerio de Talca, además, se escuchó a esa misma hora la canción Gracias a la Vida, mientras la mayoría de los deudos que se encontraban junto a la tumba de sus seres queridos, mantuvieron una actitud de reflexión y recogimiento inmutable a la bulla externa.

Esta singular tradición comenzó a gestarse en 1979, cuando la familia Opazo Albornoz decidió escalar los muros del cementerio y en medio de una oscura y solitaria noche esperó la llegada del Año Nuevo junto a la tumba de su padre y esposo Julio Opazo Silva, quien se desempeñó durante 40 años como panteonero del mismo camposanto.

Poco a poco esta costumbre comenzó a ser imitada por otras familias que entraban, minutos antes de la medianoche, en forma clandestina, al cementerio para poder estar en esa fecha más cerca de sus difuntos, hasta que la administración del recinto dispuso el año 1995 que se abriera el camposanto para así reconocer el legítimo sentimiento de los deudos.

El administrador del Cementerio de Talca, Omar Faúndez, para quien ya se ha hecho una tradición esperar el Año Nuevo junto a su familia en las oficinas del camposanto, señaló que "muchos podrán tildar de macabra esta forma tan nuestra de celebrar, pero mientras existan en Talca personas que alimenten el sano sentimiento de estar esa noche junto a los que ya partieron, se seguirán abriendo las puertas del cementerio para ellos".


 
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